Llegué a Madrid, tras dos meses de sol y playa, morena y cansada. Mientras recogía las maletas, en el aeropuerto, un mensaje de Juan me animó el regreso, me invitaba a acudir a su domicilio. Juan me excitaba un montón… sus ojos oscuros, sus manos grandes, un pene largo y hábil… una imaginación perversa para jugar a juegos de adultos…
Fui a su casa vestida con una falda blanca muy corta, que dejaba al descubierto mis más que bronceadas piernas, y con una camiseta rosa, una con un escote bastante pronunciado, que le sienta muy bien a mis tetas, no demasiado grandes. Por debajo llevaba un sujetador color hueso de La Perla, me encanta la lencería de esa marca, pero más abajo… no me puse nada. Mi coño depilado, y un poquito tostado debido a mis días en arenales nudistas, lucía esplendoroso bajo la faldita, agradecido de recibir la brisa fresca de la noche de septiembre.
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