Trabajar como profesor universitario facilita en ocasiones acceder a placeres y situaciones que desde luego compensan enormemente el desarrollo de una actividad profesional tan sacrificada y limitadora de tiempo.
En ocasiones las alumnas, las menos dotadas mentalmente (aunque no asà fisicamente) para el estudio, estaban dispuestas a efectuar un intercambio académico, entre sus notas y su servicio sexual.
A continuación narro una de mis últimas experiencias en este sentido.
La puerta se entreabrió y apareció por el pequeño hueco, la silueta de una joven, tras lo cual, sin pensarmelo una milésima de segundo provocó la siguiente respuesta en mi: “¿es que no sabes tocar a la puerta?”
Me encantaba contestar asà a aquellos que asistÃan a mis tutorÃas y sobre todo si eran chicas, para imponerles asà algo de temor.
La chica contestó tituveante: per… perdón señor… y cerró la puerta.Una vez cerrada, tocó con los nudillos de sus dedos y pidió permiso para entrar: con permiso señor.
Asà si, contesté yo… pasa.
Era Leticia, una joven de cuarto curso de una asignatura que yo impartÃa en la facultad de derecho.
Era espectacular contemplarla… morena, ojos verdes y grandes, una cara redonda, pero no gorda, unas piernas larguÃsimas… debÃa medir en torno al metro setenta y encima llevaba tacones, bueno concretamente sandalias negras, constituidas por una sola tira a la altura del final de los deditos del pie. Además llevaba una falda a la altura de las rodillas y una camiseta de tirantes blanca, como la falda.
En qué puedo ayudarte, dije.
Mire, señor profesor, estamos a punto de acabar el curso y su asignatura es la única que he suspendido, estoy desesperada, me van a quitar la beca y mis padres se enfadarán muchÃsimo pues somos bastantes hermanos y un gasto asà añadido…
No la escuchaba, simplemente miraba sus piernas, cruzadas, que permitÃan contemplar perfectamente sus muslos, asà como al mismo tiempo, el cuelgue de la sandalia de la pierna que tenÃa cruzada sobre la otra, me tenÃa absorto.
Menuda putita pensé.
En cuanto me recuperé dije: ¿has venido para que te apruebe?
Ella con una mueca de pena dijo: bueno… si, pero no por la cara, yo estoy dispuesta a hacer lo que sea señor profesor, nunca me ha importado esforzarme, solo que con su asignatura me fue bastante mal, es la primera que suspendo en toda la carrera.
QuÃtate las sandalias, le ordené.
Ella sorprendida respondió: ¿las sandalias? Pero para qué profesor…
Yo continué: ¿tienes algún problema en quitártelas?
No, solo que me parece extraña su petición, contestó.
Ya bueno, dije, pero es que tienes unos pies preciosos y me gustarÃa verlos descalzos y además, si quieres negociar tu nota más vale que esté contento, ¿comprendes?
La chica, sin estar muy convencida, se descalzó.
Entonces le indiqué que colocase las sandalias sobre mi mesa y asà lo hizo.
La chica volvió a cruzar las piernas, ahora estando descalza, continuando con su muestra de muslos.
Me quedé observando las sandalias y dije: menudo tacón tienen, ¿no estás incómoda?
Ella solo contestó que no.
Lame el tacón de una de las sandalias volvà a ordenarle.
Ahora la expresión de la chica si que se tornó sorprendida y dijo: ¿el tacón? ¿pero cómo voy a hacer eso?
Yo me limité a responder: o lo haces o ya puedes estar saliendo de mi despacho.
La chica enfadada, cogió una sandalia y empezó a lamer uno de los tacones, de arriba abajo, estando la sandalia colocada con el tacón hacia arriba en su mano.
Muy bien, que bien lo haces, le dije, entonces al ver esas lamidas, empecé a empalmarme.
¿Tienes novio? Le pregunté.
Ella contestó que si.
Bien, pues introduce en tu boca el tacón como si fuera el pene de tu novio.
Ella me miró un instante y sin decir nada, procedió y alli estaba, descalza, con un tacón en la boca, mirándome.
Las tetas al aire, ordené.
Esto ya es demasiado profesor ¿no cree?
Yo simplemente arrojé de un manotazo la sandalia que aún quedaba en mi mesa al tiempo que le dije que estarÃa suspensa para siempre szi no hacÃa lo que se le pedÃa, que ya se podÃa ir y que fuera pensando en cambiar de facultad porque conmigo lo llevaba claro si pensaba aprobar algún dÃa.
La chica sollozando, se quitó la camiseta y antes de quitarse el sujetador le dije que se pusiera las sandalias.
Asà lo hizo y terminó la operación hasta quedarse con las tetas al aire.
Joder, ¿qué talla tienes?
Una 115 contestó ella.
Muy bien, ahora y hasta dentro de una media hora vas a hacer lo que yo diga, eres durante este tiempo una prostituta, una puta callejera, que en lugar de dinero busca un aprobado, ¿entiendes?
Ella solo dijo que si con la cabeza.
Muy bien, como una buena puta vas a hacerme una mamada.
Me levanté, me puse frente a ella y le ordené que empezara: vamos, sacámela y chupa.
Ella se quedó sentada, con las tetas al aire y la falda y sandalias puestas y empezó a bajar mi cremallera del pantalón.
Me encantó la suavidad con que hacÃa el gesto de bajar mi cremallera pero querÃa disfrutar más y para ello necesitaba humillarla asà que le dije: las putas no la chupan sentadas en una silla, asà que ya sabes…
Ella que ya tendrÃa experiencia en el sexo oral, se puso de pie, momento que aproveché para agarrar sus tetas y besarla, tras la cual la empuje de los hombros hacia abajo, hasta que quedó en cuclillas delante de mÃ, manteniendo la posición ayudada por sus tacones.
En esa posición empezó a besar y mamar mi polla.
Pero aún quise humillarla más: ¿es que no quieres que te apruebe? Pues mama como una puta, osea de rodillas vamos que no tengo todo el dÃa para que una niñata me trabaje la polla, yo al contrario que tu, soy alguien en la vida y tengo mucho trabajo.
Con rabia y resignación se arrodilló y al hacerlo, sus sandalias, que no estaban agarradas al tobillo se soltaron, quedando separadas de sus pies en esa postura.
Una vez ahÃ, arodillada, podÃa ver sus piernas y sus tetas y su cara, con mi polla en su boca, y vaya boca, como se tragaba mi verga esa putita…
Empecé a escitarme más y a decirle: asà guarra, chupa asÃ, ¿asà se lo haces a tu novio verdad? Pues hoy se va a joder tu novio porque eres mi puta.
Casi me corro pero antes de hacerlo la saqué de su boca y le dije: vamos levántate, quÃtate la falda y las bragas.
Ella se levantó se quitó la falda y las braguitas de color blanco que llevaba bajo su blanca falda y luego se quitó las sandalias, lo cual me disgustó.
Zorra, quien coño te ha dicho que te quites las sandalias, vamos póntelas ahora mismo.
Ella se las puso y se quedó de pie mirándome, asà que me acerqué y empecé a besarla y sobarle las tetas y el coñito, el cual lo tenÃa afeitado por completo.
Que pedazo de puta eres, ¿tu novio te dice que lo eres alguna vez?
Ella me contestó que si, que a veces.
Le pedà que se pusiera contra la mesa de mi despacho, que doblara el tronco sobre la misma y que abriese las piernas.
Ella obedeció y al momento la tenÃa sobre el escritorio, de pie y abierta para mi disfrute.
Me acerqué y al acariciar ese culo perfecto, respingón y suave, no pude evitar darle una palmada que resonó en todo el despacho.
Posteriormente empecé a azotarla sin mucha fuerza, pero contundentemente, de modo que resonaba esos azotes al tiempo que le iba diciendo cosas como: eres una zorrita mala “plash”, esto por no estudiar “plash”, esto por puta “plash”, esto por comepollas “plash”….
Después de un rato, tenÃa el culo rojo y sus gemidos se mezclaban con sus gimoteos por el e scozor.
Luego, decidà que habÃa llegado el momento de penetrarla, pero analmente porque me quedé prendado de ese culo.
Situé mi polla frente a la raja de su culo y presioné a lo cual ella dijo: no por favor, por ahà no, nunca lo he hecho, no me gusta ¡ ayyyyyy…! Gritó cuando mi cabeza entró en su ano, antes de dejar que siguiera suplicando que no la follara analmente.
Jódete perra, haber estudiado más, me encanta desvirgar culitos de chicas como tú, no eres la primera y espero que no la última.
Empecé a darle fuerte al tiempo que ella gritaba y suplicaba que parase.
Le volvà a repetir que se callara y que aguantara, que ese era el precio de su aprobado.
Antes de correrme volvà a sacarla y a parar un poco, para aguantar un poco más, antes de seguir follándomela. De ese modo le pedà que se sentara en la mesa, a lo cual no opuso ninguna resistencia y una vez sentada, sus pies colgaban, ya que no llegaban al suelo y sus sandalias se quedaron pendientes de sus deditos del pie.
Me agaché y empecé a lamer esos dedos y pies, con las sandalias puestas y a besar sus tacones.
Ella seguÃa extrañada pero no decÃa nada.
Cuando estuve satisfecho de lamer esos bellos pies de chica joven y sexi, le ordené que se pusiera a cuatro patas sobre la mesa.
Asà lo hizo ella y me dirigé con mi polla en la mano a la entrada de su vagina la cual estaba algo húmeda a lo que dije: ¿ves como eres un zorrón? Te has puesto cachonda, pues ahora verás… pÃdeme que te folle, ¡vamos!
Fólleme profesor por favor, penétreme.
Y asà lo hice, se la clavé de una vez, entera a lo cual ella gritó como una poseÃda, ya que le debió doler bastante, aunque su grito me hizo ponerme más cachondo y darle más fuertemente aún.
Dile a tu novio que me de las gracias, que hoy podrá follarte perfectamente, que ya me encargué yo de abrirte el coño y el culo a pollazos.
Mientras la envestÃa la agarraba del pelo con una mano, tirando de él, como si fueran las riendas de un caballo, para acercarla a mi y tocarle mejor las tetas y morderle el cuello y besarla.
Con la otra mano agarraba esas tetas y pellizcaba esos pezones que tenÃan el tamaño de una moneda de diez céntimos de euro.
Me corro puta, me corrooooo, le dije.
Ella contestó: no no por favor, no tomo ningún anticonceptivo… por favor, me lo trago, córrase en mi cara si quiere, en mis tetas pero no dentro de mi, se lo suplico.
Lejos de atender esas súplicas, agarré más fuerte de su cadera atrayéndola hacia mi, por si intentaba zafarse, y seguà bombeando muy deprisa hasta que noté como me venÃa… cuatro o cinco chorros de leche, enormes salieron expulsados hacia sus entrañas, con tanta fuerza que si estuviese hueca por dentro, le habrÃan salido por la boca.
Cuando acabé y sin sacarla le dije: oye zorra, a mi no me digas donde he de correrme y te recuerdo que eres mi puta y hago contigo lo que quiero y querÃa correrme en un chocho tan bonito como el de una chica tan guarra como tu.
Por cierto ¿querÃas leche en la boca verdad?
En cuclillas, rápido y chupa, le ordené.
La chica casi llorando se puso en esa posición y empezó a mamar con desgana, a lo cual le dije: oye cerda, o lo haces bien o todo hasta ahora no te habrá servido para nada.
Ella ante el temor de que cumpliera mi amenaza, empezó a mamar fuerte y rápido, metiendosela toda en la boca, hasta el fondo.
Cuando sentà que me corrÃa de nuevo, le dije que parase, pero que no la sacase de su boca, ella asà lo hizo y cuando noté la leche recorrerme la polla, la agarré de la nuca y empuje con la cadera hasta meterle la polla hasta los huevos en su boca a lo cual ella respondió con gritos ahogados por tener la polla dentro de la boca y con pequeñas arcadas pues la tenÃa totalmente atravesada…
En un momento me corrà y la leche fue dierectamente a su estómago, pues tenÃa la polla metida en su boca hasta lo más hondo de su garganta.
Cuando se la saqué la chica lloraba, estaba morada y seguÃa con arcadas.
Pero por cierto, también me pedÃas leche en la cara ¿verdad?
La chica asustada ya, se levantó y retrocedió, como intentando huir asà que la agarré y la volvà a empujar hacia el suelo.
Asà guarra, arrodillada es como debes estar, le dije mientras me la cascaba.
Iba a correrme cuando le dije: abre la boca y lo que caiga en ella te lo tragas.
Estaba a punto de correrme y no hacÃa caso asà que le di una pequeña bofetada y le ordené que la abriera, lo cual surtió efecto.
Me corrà de nuevo enormemente, llenando de leche su frente, sus pómulos y sus labios, de los cuales colgaba un manantial de leche, al tiempo que se podÃa ver leche también en el interior de su boca y su lengua.
Cayó leche en su pelo y en sus tetas y entonces le dije: buen trabajo cerda, tienes un 4, mañana te espero para subir nota y aprobar.
La chica se levantó y llorando me contestó que vale, que hasta mañana.
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- Publicado el día: 1 de febrero de 2008
- Categorizado en: Relatos Porno,sexo anal

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