Mi vecina Laura

porno 1 de febrero de 2008 1 Comentarios

Me llamo Jorge y tengo 19 años. Vivo en Toledo. Tengo un apartamento alquilado para mí solo en una urbanización privada que dispone de piscina, entre otras cosas (gimnasio, sauna, pista de paddle,…). Mi apartamento está muy bien, es grande y dispone de una amplia terraza con vistas a todas las instalaciones de la urbanización. Cuando hace buen tiempo me gusta ponerme el bañador y salir a la terraza a tomar el sol. Y, de paso, me alegro la vista con las vecinas que se bañan en la piscina.

Una de estas vecinas en especial, concretamente mi vecina de al lado, me vuelve especialmente loco. Se llama Laura y tiene 18 años, pero tiene un cuerpazo de vértigo. Es alta (debe pasar el 1,80) y delgada, aunque tiene unos pechos generosos y muy firmes y redondos, como corresponde a una chica de su edad. Todo su cuerpo es fino y su piel parece ser muy tersa y delicada. Me encanta verla en bikini. Suele utilizar de esos que tienen el sujetador minúsculo y la braguita casi inexistente. Así que deja gran parte de sus tetas a la vista, tapando prácticamente los pezones y poco más. Lo cual me vuelve loco, sobre todo cuando sale del agua y ésta está un poco fría y tiene los pezones erectos. Esta visión siempre provoca que mi polla se ponga en el mismo estado y siempre acabo metiendo la mano bajo mi bañador y masturbándome en la terraza mientras la contemplo tomar el sol.

Laura tiene un cuerpo increíble, de mujer y no de niña. Tiene una melena lisa larga y pelirroja. Su piel es blanca y suave. Tiene unos ojos verdes pequeños y llenos de vida. Al contrario de lo que suele se habitual en las pelirrojas, no tiene apenas pecas. Tan sólo unas pocas en los pómulos, bajo los ojos. Sus pechos son grandes, pero sin ser enormes. Y son perfectamente redondos y duros, y de pezones pequeñitos. Tiene un vientre plano levemente musculoso, lo cual me resulta tremendamente atractivo. Muchas veces, cuando me masturbo mirándola, me corro pensando en que escupo mi leche en ese vientre. Sus largas piernas, perfectamente formadas y de muslos carnosos, terminan en uno de los mejores culos que conozco. Redondito, pequeño, duro y que se mueve al andar al ritmo de las anchas caderas. Por lo general suele usar braguitas de esas tipo tanga que dejan todo el culo al aire. Y eso me vuelve loco cuando toma el sol de espaldas y queda su culo semidesnudo levantado desafiante, como pidiendo que lo penetre una y otra vez mientras lo azoto.

Como ya he dicho, mi apartamento tiene una terraza bastante amplia. Es de esas terrazas que son corridas, comunes para todos los apartamentos de la misma planta. Cada terraza se separa de las adyacentes a través de una pequeña mampara. A veces, cuando salgo a tomar el sol y veo que Laura está también en su terraza, me asomo por la barandilla cerca de la mampara haciéndome el distraído, de manera que mirando de reojo puedo contemplar de cerca el espléndido espectáculo que supone mi vecinita Laura en bikini.

Por supuesto, esto rápidamente me provoca unas erecciones de campeonato y tengo que apartarme en seguida para pajearme. Por lo general suelo meterme dentro de casa, pero a veces voy tan caliente que me pajeo allí mismo, sentado en una butaca en la terraza, pensando en lo cerca que tengo a esa diosa.

Laura vive con sus padres y con su hermano, David, el cual tiene mi edad. Sus padres no son muy mayores. Tendrán unos cuarenta o cuarenta y pocos años. Debieron casarse muy jóvenes y tener los hijos pronto. La madre de Laura no se parece mucho a ella. Al menos en la cara. Es morena de ojos negros y nariz aguileña. El parecido con su hija se limita a la estatura, ya que la madre también es bastante alta, aunque unos centímetros menos que Laura, y al color blanco de su piel. Aunque sus pechos, sin ser pequeños, no son tan grandes como los de Laura y están un poco caídos. Y su culo no es que sea feo, es que es inexistente.

No obstante, he de reconocer que la madre también tiene su punto. No sé si será por las gafas, por el hecho de que es la mujer que dio a luz a Laura, mi diosa, o por la edad (a mí, por lo general, me van las maduritas), o por ese carácter tan seco que me pone muy bruto cuando pienso en cómo debe gritar mientras se folla a su marido. A veces he fantaseado con follármelas a las dos, madre e hija. Siempre imagino lo mismo: empezamos con una mamada doble entre las dos, a continuación chupo y beso todo el cuerpo de Laura mientras su madre continúa chupándomela hasta que estoy a punto de reventar. En ese momento la aparto y me follo a Laura salvajemente mientras su madre nos mira y se masturba, parando sólo a veces para chupármela un rato mientras Laura y yo cambiamos de postura. Y al final siempre termino sacándola en el último momento del coño de Laura para correrme en la boca de su madre, tras lo cual las dos se besan apasionadamente intercambiando su saliva y mi esperma.

Uno de esos días en que me encontraba en mi tumbona de la terraza masturbándome, con Laura tomando el sol en la terraza de al lado, oí cómo salía su madre a decirle que se bajaban los tres a la piscina: ella, su padre y su hermano. Le preguntó si quería bajar con ellos, pero ella contestó que no, que estaba un poco resfriada y prefería quedarse en casa tomando el sol en la terraza. Entonces la madre le dijo que los chicos ya se habían bajado y ella se iba ya, que se quedara descansando y que se pusiera una camiseta para no constiparse aún más, y le dejó sobre la mesa un par de aspirinas y un vaso de agua. Laura contestó que sí, que iba a ir al baño y de paso aprovechaba y cogía la camiseta y luego se tomaría la aspirina y se quedaría en la terraza tumbada.

Me acerqué a la mampara y pude oír cómo la madre cerraba la puerta del apartamento al salir. Me asomé disimuladamente a la terraza y vi que Laura no estaba. Debía haber entrado al baño. Y allí estaban el vaso y las aspirinas, sobre la mesa. De pronto vino una idea a mi mente. Era descabellada, y seguramente en cualquier otro momento no me habría atrevido a llevarla a cabo, pero yo estaba súper cachondo puesto que, como ya he dicho, había estado pajeándome hasta hacía un momento.

Rápidamente entré en mi apartamento, me fui al dormitorio y cogí la cajita de pastillas para dormir que me dio mi madre para mis frecuentes noches de insomnio. La dosis normal era de dos pastillas y con eso caía rendido al instante durante toda la noche. Yo cogí cuatro. Volví a la terraza y, tras comprobar que Laura seguía dentro de su casa, salté la mampara que separaba nuestras terrazas apoyando el pie en la barandilla. Me acerqué con cuidado a la mesa y cambié las dos aspirinas por dos de las pastillas para dormir. A continuación me acerqué a la puerta de la terraza y agudicé el oído. Pude oír cómo sonaba la cisterna del baño, por lo que Laura debía estar a punto de volver. Aunque, recordé, antes tenía que ir a su cuarto a por una camiseta.

Así que volví a la mesa. Sumergí las otras dos pastillas en el agua para ablandarlas mientras las frotaba con los dedos. Muy pronto comenzaron a disolverse. Cuando oí los pasos de Laura acercándose usé dos dedos a modo de cuchara para revolver el agua del vaso, tratando de disolver lo máximo posible las pastillas, y de un salto volví a mi terraza.

Justo a tiempo. En cuanto aterricé en el suelo apareció Laura en su terraza. Debió oír algo, porque se asomó a través de la mampara. Su cara era de sospecha. Cuando me vio junto a la mampara me preguntó:

- Hola, vecino. ¿Qué haces, tomando el sol?

Pude notar el tono inquisidor en su voz. Con el corazón latiéndome a mil pulsaciones por minuto y tratando de ocultar mi erección, que en estos momentos era tremenda debido a mi anterior excitación y acrecentada por la tensión de mi incursión, giré la cabeza hacia ella y le contesté:

- Hola. Pues sí, estaba tomando el sol. Me pareció oír un ruido y me he acercado a ver qué podía ser.

- Sí. — Me contestó ella — Yo también he creído oír algo.

- Habrá sido un ruido de la piscina. — Le contesté sonriendo.

- Sí, eso habrá sido. — Contestó ella y se dio la vuelta.

Yo me acerqué a la barandilla simulando que miraba hacia abajo a ver si veía el origen de aquel ruido. Pude ver de reojo cómo Laura se sentaba en su butaca y se ponía sus gafas de sol. Eso daba más posibilidades de éxito a mi descabellado plan, puesto que ayudaría a disimular el cambio de pastillas y los posibles restos que quedaran en el agua.

Efectivamente, Laura cogió las dos pastillas de encima de la mesa y se las llevó a la boca. A continuación agarró el vaso y se bebió de un trago todo el contenido, tragando las dos pastillas que tenía en la boca. Dejó el vaso en la mesa y se recostó en la butaca con los brazos sobre el vientre.

En esa postura, y con las gafas puestas, sería imposible distinguir cuándo las pastillas habían hecho su efecto. Así que sin dudarlo me lancé y le pregunté:

- Así que, Laura, estás resfriada, ¿no?

Ella se sorprendió, puesto que en los casi dos años que llevábamos siendo vecinos jamás habíamos charlado. Yo soy muy vergonzoso y nunca me atreví a decirle nada por temor a ruborizarme delante de ella. O, lo que es peor, empalmarme. En este caso la mampara ocultaba mi erección.

- Pues sí, sí. Estoy resfriada. ¿Tanto se me nota?

¡Bien! ¡Me contestaba! Y parecía que aceptaba la conversación. Esto me vendría muy bien para adivinar cuándo las pastillas comenzaban a hacer su efecto.

- No, no se nota. Al menos, no con las gafas puestas. — Le contesté sonriendo– Es que os oí hablar a tu madre y a ti. Ya sabes, en estas terrazas es imposible no hacerlo.

- Sí, tienes razón. En estas terrazas se oye todo lo que hacen los vecinos. Todo…

Debido a las gafas de sol no pude ver su mirada, pero en su cara se dibujó una media sonrisa cuando dijo esto último. ¿Me habría oído alguna vez pajeándome? Siempre intentaba ser discreto, pero por lo general sólo me pajeaba en la terraza cuando iba tan cachondo que no podía esperar a entrar en casa para masturbarme. Así que era posible que estuviera tan excitado que se me escapara algún gemido. Sobre todo al correrme, ya que los orgasmos eran tremendos sabiendo que ella estaba a unos pocos metros de mí.

Decidí desviar la conversación.

- Bueno, la verdad es que a estas horas da mucho sol en estas terrazas y no hace falta bajar para ponerse moreno.

- Sí, es verdad. Aunque con esta camiseta sólo voy a ponerme morenas las piernas.

- Pues quítatela, mujer. Si total, no hace nada de frío. Y te prometo no mirar.

- Jajajaja. Tienes razón. Aunque puedes mirar si quieres, no me importa. Si me importara no me la quitaría.

En ese momento comenzó a quitarse la camiseta. No pude evitar fijarme en sus pechos, visibles casi por completo bajo el diminuto sujetador de su bikini. Los pezones se distinguían bajo la tela verde del bañador en forma de círculos oscuros. Su pecho se abultó por el gesto de sacarse la camiseta y mis ojos casi se salieron de sus órbitas. Noté cómo mi polla se tensaba un poco más bajo el bañador. Traté de recomponerme antes de que terminara de sacarse la camiseta del todo y pudiera ver mi cara babeante y seguí con la conversación.

- Bueno, no quiero que pienses que soy un pervertido ni nada de eso. No te lo decía por eso.

- Es igual. No te disculpes. Me gusta que me miren. Me hace sentir guapa.

- Es que eres muy guapa.

- Vaya, gracias, vecino. Vamos a tener que hablar más tú y yo…

En ese momento se le escapó un bostezo, que disimuló tapándose la boca con una mano.

- Perdona, estoy un poco cansada de repente.

- Claro. Será por el resfriado.

- Sí, será por eso. Si no te importa, creo que entraré en casa a echarme un rato.

- Vale. Hasta la próxima, pues.

- Adiós.

Y se metió en su casa.

Yo me senté en mi butaca. Tenía la polla a reventar. La charla con Laura había sido increíble. Nunca habíamos hablado más allá del “buenos días” en el portal o el ascensor. Resultó que, además de guapa, era una tía muy simpática. “Así que te gusta que te miren, ¿eh?” Pensé. Y me recliné en la butaca y me saqué la polla. Cerré los ojos y comencé a pajearme suave y lentamente, mientras imaginaba a Laura tumbada en la terraza de al lado tomando el sol. La veía con las gafas de sol puestas, la boca entreabierta y los brazos cruzados sobre el regazo. De repente deslizaba una mano hacia abajo, dirigiéndola hacia su entrepierna, e introducía la punta de los dedos bajo su braguita. Comenzaba a juguetear con la goma del bikini, acariciando la parte baja de su vientre, a la vez que subía la otra mano y se acariciaba los labios con un dedo, asomando de vez en cuando la punta de la lengua para humedecerlo.

Mi excitación iba en aumento. La polla comenzaba a temblar entre mis dedos, tan dura que parecía a punto de estallar. La paja fue subiendo de intensidad, acariciándome cada vez más rápido y apretando mi polla con más fuerza.

Imaginé a Laura introduciendo toda la mano bajo la braguita, acariciando su coño por debajo de ella. Sacándose el dedo de la boca, dirigía la otra mano hacia su pecho, introduciéndolo bajo el sujetador. A través de la minúscula y fina tela podía observar cómo acariciaba el pezón con dos dedos, aprisionándolo entre ambos y realizando movimientos circulares mientras lo pellizcaba.

Su boca se abría lanzando gemidos que poco a poco iban subiendo de intensidad, a medida que las caricias se volvían cada vez más rápidas e intensas. En un momento dado se sacó el pecho que se estaba acariciando, dejándolo completamente a la vista. Era precioso. Y perfecto. Tal y como lo había imaginado (lo cual era lógico, puesto que esta escena estaba transcurriendo en mi imaginación). Lo agarró con la mano y comenzó a apretarlo y estrujarlo como si exprimiera una naranja. Se pellizcaba salvajemente el pezón mientras lanzaba gritos mezcla de placer y de dolor.

El cuerpo de Laura se movía agitándose de un lado a otro, entre espasmos. Su cabeza se echaba hacia atrás, levantando el cuerpo y lanzándolo hacia arriba. Los gritos eran cada vez más fuertes. Se agitaba tanto que parecía a punto de caerse de la butaca.

De repente, lanzó un grito más agudo y prolongado que fue desvaneciéndose poco a poco. Su cuerpo sufrió un espasmo, se encorvó hacia adelante y se quedó quieto. Rígido. En tensión. Una mano permanecía bajo su braguita y la otra estrujaba tan fuerte su pecho que las puntas de los dedos estaban blancas.

Permaneció así unos segundos interminables y finalmente se relajó lentamente, mientras la mano que apretaba su pecho relajaba también su presión. El cuerpo fue recostándose contra la butaca a medida que se iba relajando. La otra mano permanecía bajo la braguita, aunque ahora se movía muy lentamente, acariciando su pelvis. Bajó la otra mano y la introdujo también bajo el bikini, sumando sus caricias a las de la otra mano. Al poco rato soltó un suspiro y se quedó quieta, con las manos sobre su sexo, y pareció dormirse.

Cuando terminó mi sueño abrí los ojos y pude comprobar que tenía la polla completamente fuera del bañador. La agarraba fuertemente con una mano, mientras con la otra sujetaba la goma del traje de baño. Mi leche estaba esparcida sobre mi vientre, mi pecho y mis manos. Incluso habían llegado algunas gotas hasta mi barbilla. También había caído parte de la leche al suelo y sobre la butaca. Sin duda, había sido una paja brutal. La mejor de todas las que me había hecho hasta el momento pensando en mi vecinita.

No sabía el tiempo que había pasado, ni si Laura estaría ya dormida o no. Pero, por si acaso, no podía entretenerme más. Si dejaba pasar mucho rato corría el peligro de que volvieran sus padres y su hermano. Me asomé a la barandilla y vi a sus padres sentados junto a la piscina, charlando con unos vecinos. El hermano de Laura, David, estaba dentro de la piscina haciendo unos largos. Tenía un cuerpo atlético y musculoso y todas las chicas de la piscina le estaban contemplando. Seguramente él estaba disfrutando exhibiéndose. En su lugar, yo tendría una tremenda erección. Apuesto a que él también la tenía.

No había tiempo que perder. Rápidamente salté de nuevo a la terraza de la casa de Laura. Me acerqué a la puerta que comunicaba con el interior y escuché. No se oía nada. Lentamente me introduje en la vivienda. Era un apartamento más grande que el mío, puesto que tenía tres habitaciones frente a las dos que tenía el mío. Me gustaba tener mi despacho y podía permitírmelo. No conocía la casa de Laura, puesto que nunca había estado allí. Pero su distribución era muy similar a la de la mía.

Me dirigí hacia las habitaciones con mucho sigilo. Iba tan solo con el bañador. Ni si quiera llevaba calzado para no hacer ruido. De un pequeño distribuidor salían tres puertas, que debían corresponder con los tres dormitorios. Pude observar que sólo dos estaban abiertos y decidí mirar primero en esos. Me asomé al primero de ellos, pero Laura no estaba allí. Parecía la habitación del hermano. Pósters de coches llenaban las paredes. Había mucho desorden y olía a rayos. Supongo que no aireaba mucho la habitación.

Salí de nuevo al recibidor y me asomé a la otra habitación abierta. Esta vez sí. Ahí estaba Laura, tumbada en su cama. Se había acostado tal y como iba, con el bikini y sin camiseta. Su cuerpo estaba parcialmente tapado por las sábanas. Tenía la cabeza ladeada y respiraba profundamente. Parecía estar dormida del todo. Me acerqué a ella y me quedé allí de pie un rato, contemplándola. Era preciosa. Me entraron ganas de besarla.

En lugar de eso, acaricié su cabeza, apartando el mechón de pelo que le cubría la cara. Lo hice lentamente, aunque ella ni se inmutó. Esto me dio confianza y seguí con mis caricias, tocando sus mejillas con el dorso de mi mano. Estaba acojonado, pero el miedo poco a poco iba transformándose en excitación, y la mezcla de ambos sentimientos provocó que comenzara a excitarme de nuevo.

Acerqué mi cara a la de ella y la besé suavemente en la frente. Me aparté para mirarla. Dios, qué hermosa era. La besé en los labios con ternura. Dejé mis labios allí, pegados a los suyos y saqué un poco mi lengua. Con la punta fui recorriendo la raja de sus labios, humedeciéndolos y separándolos con suavidad. La introduje un poco en su boca y noté el tacto de su lengua contra la mía. Jugueteé un poco con ella, pero muy despacito. Le había dado una buena dosis de somníferos, pero no sabía hasta qué punto estaba dormida.

Dirigí una mano hacia su pecho izquierdo, apartando la sábana que lo cubría parcialmente. Desde luego, el tacto era increíble. Tenía un tamaño perfecto, encajando a la perfección en la palma de mi mano. Lo manoseé un rato por encima del sujetador mientras observaba la parte de su cuerpo que quedaba al descubierto entre las sábanas. Fui bajando la mano y mientras recorría su cuerpo iba apartando las sábanas. Bajé por la cintura hasta los muslos y de ahí hasta los pies. En ese momento todo su cuerpo se mostraba ante mí, blanco, terso, perfecto. Cada milímetro de mi cuerpo deseaba poseer aquella belleza. Por unos instantes me quedé sin saber qué hacer, contemplándola.

Finalmente volví a acariciarle el pecho. Esta vez sacándolo fuera del sujetador. El pezón que quedó ante mí era pequeño y rosado. Lo acaricié con un dedo mientras acercaba mi cara hasta su pecho. Aparté la mano y acerqué mis labios, besando suavemente el pezón. Lo besé varias veces, disfrutando. Luego dejé mis labios sobre él y los abrí un poco, pellizcando con ellos el pezón. Con la punta de la lengua lo lamí una y otra vez. Humedecí mis labios y abrí la boca, tratando de abarcar la mayor superficie posible de su pecho. Lo besé y lo lamí sin cesar. Era increíble. Un sueño.

Mientras tanto, bajé una mano hacia su braguita. Introduje mis dedos bajo ella y noté el vello púbico. No era muy abundante, por lo que deduje que debía depilárselo. Jugueteé un rato con él, enroscándolo entre mis dedos, mientras buscaba su raja. Cuando al fin la encontré, la fui recorriendo con la yema del dedo de arriba a abajo. A cada pasada aumentaba un poco la presión, muy ligeramente, hasta que llegó un momento en que los labios de su coño se abrieron lo suficiente como para que mi dedo se hundiera un poco en su interior. En ese momento saqué la mano, metí el dedo en mi boca y lo humedecí abundantemente con mi saliva. A continuación lo volví a introducir bajo su braguita y seguí acariciando igual, pero aumentando un poco la presión.

Había dejado de lamer su pezón y estaba mirando cómo iba introduciéndome poco a poco en su coño. Con la mano libre empecé a acariciarme la polla por encima del bañador. A pesar de que acababa de correrme hacía poco, estaba empezando a ponerse dura de nuevo. La saqué fuera y la agarré con la mano, rodeándola con los dedos. Mi excitación iba en aumento. ¡Estaba pajeándome junto a la mujer de mis sueños, en su habitación, sobre su cama y mientras la masturbaba a ella con la otra mano! Tuve que parar porque notaba que me iba a correr como siguiera así.

En ese momento oí un ruido. El corazón me dio un vuelco en el pecho. Guardé rápidamente mi polla en el bañador mientras sacaba la otra mano de debajo del tanga de Laura. Con el movimiento tan brusco, éste se bajó levemente dejando ver parte de su vello. Era pelirrojo, como el de su cabeza, y muy cortito. Efectivamente, parecía estar depilado y muy bien cuidado.

Por un momento me distraje contemplando la visión que se me ofrecía y me olvidé del ruido. Aunque en seguida se volvió a oír. No había duda: era el sonido de una llave abriendo una cerradura. ¡Los padres de Laura habían vuelto!

No podía huir por la terraza, puesto que tendría que pasar antes por el salón y la puerta de entrada daba directamente a éste. Así pues, opté por la solución que utilizan en las películas: me escondí debajo de la cama. Esperé. Oí ruido de pisadas, aunque no parecían las pisadas de tres personas. Más bien sólo de una. Y se iban acercando. De repente me acordé de que había dejado a Laura destapada, con el tanga del bikini ligeramente bajado y un pecho al aire. Pero ya no podía hacer nada. Las pisadas estaban en el salón y si quien fuera entraba en el distribuidor me pillaría. Así que decidí permanecer en mi escondite.

Una voz de hombre me sacudió. Al parecer quien había entrado era el padre de Laura.

- ¡Laura! Laura, hija, ¿Dónde estás?

Pude oír cómo se acercaba a la terraza, supongo que buscando a su hija.

- Laura, mamá me ha pedido que suba a ver cómo estás. Ya ves, como si un resfriado fuera a matarte o algo así. Ya podía haber subido ella, joder.

Al comprobar que Laura no estaba en la terraza, el padre se dirigió hacia el distribuidor. Desde debajo de la cama pude ver cómo aparecía en la puerta y se quedaba allí de pie. Era un hombre bajo y regordete. Tenía una barriga que comenzaba a ser prominente y un espeso vello negro cubría casi todo su cuerpo. La verdad es que viéndole uno se preguntaba si Laura no sería adoptada. O si quizás él no era su verdadero padre. Iba en bañador, con una camisa abierta y unas sandalias de playa con calcetines. Se quedó mirando la cama.

- ¿Laura? ¿Te encuentras bien? ¿Estás dormida?

De repente vi cómo su expresión inicial de preocupación se transformaba. Un brillo extraño llenó sus ojos y sus labios se torcieron en una extraña mueca. Comenzó a acercarse a la cama.

- Laura, ya está bien, contéstame. Me vas a preocupar de verdad. ¿No estarás borracha, o drogada? ¿Por qué no me respondes?

Al llegar junto a la cama pude notar cómo apoyaba sus manos en el colchón y lo agitaba. Supongo que tratando de despertar a su hija.

- Hija, no sé qué cojones te pasa, pero desde luego estás bien dormida… ¿Y esto qué es?

Desde mi posición no podía ver nada, así que no podía saber a qué se refería. Comencé a buscar con la mirada por la habitación. De repente me di cuenta de que un armario empotrado enorme ocupaba todo el lateral de la habitación. Se notaba que era la habitación de una chica, porque las puertas eran todas de espejo. Eso me permitía tener una visión bastante buena de lo que ocurría en la habitación sin necesidad de moverme demasiado.

Busqué una buena postura para poder ver a Laura y a su padre. Pude comprobar que él estaba subiendo su braguita con el dedo. Supongo que a eso se refería con su pregunta. Me pregunté qué diría cuando viera el pecho desnudo. Y no tardé mucho en salir de dudas, ya que tras terminar de subirle el tanga vio en seguida su pecho. Me fijé en que la expresión que había adoptado su cara al aparecer en la puerta seguía allí, e incluso la extraña mueca se acentuó un poco más.

- Pero hija, ¿qué cojones estabas haciendo antes de quedarte dormida?

Y dirigió el dedo con el que había cubierto su vello púbico hacia su pecho. Pero, para sorpresa mía, no lo tapó, sino que empezó a acariciarlo. Deslizaba el dedo a un lado y a otro por la parte baja del pecho mientras movía la cabeza como negando.

- Ay, hija. Desde luego, qué buena estás. Ojala tu madre tuviera estas tetas, así no tendría que hacerme pajas viendo películas porno a escondidas en el salón, cuando estáis todos durmiendo. O pagarme una puta de vez en cuando para que me la chupe y poder correrme en sus tetas.

En ese momento metió la otra mano por debajo de su bañador y comenzó a acariciarse la polla. No me lo podía creer. Me había jodido mi paja y ahora era él quien se estaba haciendo una. Y con su hija, nada menos.

Pero al parecer no se contentaba con eso. Con la mano con la que estaba acariciando el pecho de Laura agarró el sujetador y lo bajó por completo, dejando los dos pechos al aire. Dios mío, eran preciosos. No podía apartar la mirada de ellos. Su padre los acariciaba y los estrujaba los dos, alternando entre uno y otro, mientras seguía tocándose la polla con la otra mano.

Pude ver cómo se había bajado el bañador lo justo para dejar fuera su rabo. No era gran cosa. Era más bien pequeño, aunque con un grosor aceptable. No es que yo fuera un portento, ni mucho menos. Pero desde luego la mía era bastante más larga y algo más gruesa.

El padre de Laura avanzó un poco más hacia la cama, de manera que su polla colgaba sobre ella. Dobló un poco las rodillas y su capullo rozó el pecho izquierdo de Laura. Comenzó entonces a moverse, agarrando su polla y frotándola contra los pechos de su hija, repitiendo el mismo magreo que había estado realizando hasta entonces con la mano. Desde donde estaba podía oír claramente cómo empezaba a jadear.

Después de un rato se incorporó de nuevo y avanzó un par de pasos más. Ahora su polla quedó a la altura de la cara. Empezó a restregarle el capullo por los labios para a continuación apoyar toda la polla sobre ellos.

- Vamos, cariño, chúpamela. Haz feliz a tu papi.

Empezó a mover las caderas en círculo, de manera que iba restregando la polla por toda su cara, deteniéndose sobre todo en los labios. A veces golpeaba con el capullo contra su nariz, como intentando follarse esos agujeros. Yo no podía apartar la mirada. Aquél hombre resultaba casi grotesco, tan bajito y tan peludo, restregando su polla contra Laura. Al lado de la belleza de ella él parecía aún más repulsivo. Creo que estaba empezando a odiarle por estar ocupando el que debería ser mi lugar.

Al cabo de un rato cesó el movimiento circular. Observé cómo acercaba los dedos a la boca de ella y acariciaba sus labios. Acercó su boca a la de Laura y se la lamió. Fue algo asqueroso, como si fuera un perro lamiendo un plato de comida. Lo hizo varias veces y a continuación le abrió los labios con los dedos. Entonces, con la otra mano volvió a agarrarse la polla y la dirigió hacia la boca entreabierta de su hija. Colocó el capullo entre los labios y fue empujando poco a poco, mientras con los dedos trataba de abrirle aún más la boca.

Cuando logró meterla dentro casi por completo le agarró un pecho con la mano con la que antes le abría la boca. Con la otra mano seguía sujetándose la polla mientras la metía y la sacaba de la boca de Laura. Echó la cabeza hacia atrás y comenzó a jadear.

- Sí, nena, sí. Eres una buena chica. Muy buena chica. Así, sí, así.

Fue subiendo el ritmo de sus movimientos, entrando y saliendo cada vez más rápido de su boca. A pesar de lo grotesco del padre, ver cómo se follaban la boca de Laura me estaba poniendo muy cachondo. Así que comencé a mover las caderas, restregando mi paquete contra el suelo. Esto me proporcionaba bastante placer. Al menos, todo el que podía permitirme. No quería hacer ruido y delatarme. Quizás, cuando acabase su padre, se iría y volveríamos a estar solos ella y yo. Y ahora ya sabía que efectivamente estaba profundamente dormida.

El padre de Laura debía estar a punto de estallar. Había soltado las dos manos y estaba cogiéndole la cabeza a su hija con ambas mientras seguía follándose su boca. Había abierto la boca y jadeaba fuertemente. Tenía el cuerpo empapado en sudor.

- Joder, Laurita, joder. Qué buena estás. Voy a correrme ya. Estás haciendo muy feliz a tu papi. Ahhhhh.

Su cuerpo se tensó de repente. Echó la cabeza hacia atrás y abrió la boca en una mueca de placer, mientras apretaba su cintura contra la cara de Laura, metiendo su polla completamente dentro de su boca. Al cabo de unos segundos de estar así se relajó. Sacó la polla, que ya estaba empezando a perder su erección, y se puso a lamerle los pechos a Laura. De la boca de ella escapaba un hilillo de semen por entre sus labios. La polla del padre ya estaba relajada del todo. En ese estado era aún más pequeña. Estaba toda llena de semen, que goteaba sobre el suelo, a escasos centímetros de mi cara. Aquello acabó con mi erección. Ver cómo se follaban la boca de Laura me había puesto muy cachondo, pero la visión de aquella polla fláccida y arrugada, y de aquellas gotitas de semen junto a mi cara mataron de golpe mi excitación.

Fue entonces, mientras miraba las gotas en el suelo, cuando reparé en los pies que había en la puerta de la habitación. Subí la mirada y vi a David, el hermano de Laura, plantado en la puerta. Iba con las chanclas de piscina y el bañador, aún húmedo tras haber estado nadando. Su padre había dejado de lamer los pechos de Laura y se había girado mientras se subía el bañador. En ese momento vio a su hijo y se quedó a medias, con la polla llena de semen colgando fuera.

- David, hijo, ¿qué haces tú aquí?

- ¿Que qué hago yo, papá? ¿Que qué hago yo aquí? Querrás decir qué cojones haces tú, cabrón.

- ¿Desde cuándo estás ahí?

- El suficiente.

Eché un vistazo a su entrepierna y, por la erección que se adivinaba, yo diría que llevaba bastante tiempo.

- Vine porque mamá me pidió que subiera a ver por qué tardabas tanto en bajar, y me encuentro esto.

- Hijo, tú no lo entiendes. Vine a ver cómo estaba tu hermana. Y la vi tan dormida que me preocupé y me acerqué a ver qué le pasaba.

- Claro, y de paso la desnudas y te corres en su boca, ¿no?

- Tienes razón. Está mal. Pero es que está tan buena la hija de la gran puta… Además, veo que a ti te ha gustado lo que viste, ¿o no?

- ¿Pero qué dices? ¿Acaso te crees que soy tan hijo de puta y tan depravado como tú?

El padre se acercó a David y, de repente, agarró su bañador por la goma y tiró fuerte hacia abajo, bajándoselo de un golpe casi hasta los tobillos, según pude ver por entre sus piernas.

- Pues parece ser que tu polla piensa que sí, que lo eres. Y, desde luego, creo que te ha gustado.

El padre se movió un poco mientras señalaba la polla de David con el dedo y entonces pude verla yo también. Dios mío, era enorme. Lo que yo pensaba que era una erección no era sino un simple calentón. Lo que vulgarmente se llama tenerla morcillona. Colgaba hacia abajo, levantada sólo un poco por la leve erección, y aún así era inmensa. Le llegaba hasta casi la rodilla. Y tenía un diámetro increíble. Era gordísima. Sin saber por qué, pero sin poder evitarlo, noté cómo yo también empezaba a empalmarme. No me considero marica, ni siquiera nunca me he fijado en un chico, pero aquella polla era maravillosa. Me entraron unas ganas terribles de tocarla. Supongo que era curiosidad. Nunca había visto nada tan grande y quería sentir su tacto, recorrerla con mi mano, tratar de agarrarla entera con el puño… Pero, sobre todo, me moría de ganas por verla completamente en erección.

David se había quedado parado, supongo que sorprendido por la súbita acción de su padre. Éste aprovechó y le cogió la enorme polla con la mano.

- Joder, hijo, vaya pollón te gastas. Este fijo que no le cabe a Laurita en la boca. ¿Tú qué crees? ¿Quieres probar?

David no contestaba. Parecía estar flipando. Su padre le iba acercando hacia la cama, empujándole por la espalda con una mano y tirando de su polla con la otra.

- Venga, hombre, anímate. Seguro que conseguimos que entre, que yo ya te la he dado un poco de sí. Je je…

Ahora ya estaban los dos de pie junto a la cama. La polla del padre, ahora levemente empalmada de nuevo, colgaba a la altura de los pechos de Laura, mientras que la de David estaba sobre su cara.

- Venga, David, coño. Que así no vamos a ninguna parte, tienes que animarte un poco más, hombre, que si no, no vas a poder meterla. Que está dormida y no puede ayudarte. Decídete. O, qué cojones, ya lo hago yo.

Y, dicho esto, comenzó a pajear el pollón de su hijo. Mi erección aumentó considerablemente. La mano del padre agarraba con dificultad la polla de David. Apenas podía cerrar del todo el puño. Como era un hombre más bien pequeño, las manos también lo eran. Aún así, se le estaba dando muy bien. Deslizaba la mano hasta la base de la polla, donde chocaba con los huevos, y volvía a subirla hacia arriba. Mientras realizaba el recorrido iba girando la mano, como el movimiento de acelerar una moto. Y cuando llegaba al capullo se entretenía un poco en él, agarrándolo con toda la mano y estrujándolo como si exprimiera una naranja. Y de nuevo volvía a bajar.

La polla de David fue creciendo cada vez más. Se convirtió en algo descomunal. Aquello debía superar ampliamente los míticos 20 centímetros. El grosor era casi como el de una lata de refresco. Estaba llena de venas y tenía el enorme capullo completamente morado por la excitación. Aquél enorme pollón empezó a temblar tratando de crecer aún más. Indudablemente, su padre sabía cómo hacer un buen pajote. Yo tuve que removerme un poco porque mi erección era tal que hasta me dolía al aplastárseme la polla contra el suelo.

El padre de David siguió pajeando un rato a su hijo. Se notaba que disfrutaba haciéndolo. Supongo que él también estaba fascinado con semejante polla. David se dejaba hacer mientras miraba a su hermana. Recorría todo su cuerpo con los ojos y se relamía. Parecía que por fin se estaba reponiendo y empezaba a aceptar la situación.

De repente se echó para atrás, sacudiéndose a su padre y liberando su polla de la mano de aquél. Pude ver su erección completamente. Era enorme. Y preciosa. Apuntaba al cielo directamente, lo cual me fascinaba. No podía creer que algo tan grande y tan gordo pudiera estar tan tieso, desafiando las leyes de la gravedad.

Entonces volvió a acercarse a la cama y puso el capullo en los labios de Laura, al igual que antes hiciera su padre. Pero esta vez él fue directamente al grano y rápidamente comenzó a introducir la polla en su boca. A pesar del tamaño de aquella monstruosidad, la verdad es que a penas le costó conseguir meterla dentro. En apenas unos pocos empujones había logrado meter un tercio de la polla en la boca de su hermana. Siguió con las embestidas hasta meter más de la mitad. Yo estaba flipando. No pensaba que pudiera caber, y menos que pudiera entrar tan adentro.

Cuando ya apenas quedaban unos centímetros de polla visibles fuera de la boca, David dejó de empujar. Empezó a mecerse suavemente hacia adelante y hacia atrás. Debía de haber llegado al fondo de la garganta y estaba disfrutando de la follada lentamente, mientras agarraba la cabeza de su hermana con las dos manos.

Entonces me fijé en el padre. Estaba magreando los pechos de Laura con una mano, mientras con la otra se frotaba la polla, que volvía a estar completamente empalmada. La verdad es que resultaba ridícula al lado del pollón descomunal de David.

- Bueno, pues creo que yo ya estoy listo para otro asalto. Veamos qué más puede ofrecernos esta zorrita.

David no contestó, enfrascado como estaba en follarse la boca de su hermana. Así que el padre se acercó a los pies de la cama. Extendió una mano y le arrancó de golpe el tanguita a Laura. El ángulo no me permitía ver el coño por completo y tan sólo tenía una vista parcial. El padre metió una mano entre las piernas y comenzó a introducirla en el coño. Dedicó unos segundos a follársela así, con todos los dedos de la mano. Era sorprendente que le hubieran cabido todos y desde un principio. Laura debía tener un coño enorme, y tenía que estar muy húmeda. Quizás, aunque su mente estaba dormida, su cuerpo seguía despierto y respondió humedeciéndose a las mamadas que estaba haciendo a su padre y a su hermano.

El padre sacó la mano y la llevó a su cara. La olió como un perro huele un hueso y la lamió de la misma forma. Entonces se quitó el bañador por completo y separó las piernas de Laura. Se subió de rodillas a la cama y se echó sobre ella. De un solo golpe le metió la polla hasta el fondo. No debió resultarle difícil, ya que si le había podido meter los cuatro dedos, lógicamente tenía que poder meter esa polla escuálida.

Ahora, la visión que se presentaba ante mi era la de Laura siendo follada por dos de sus agujeros: su hermano se estaba follando lentamente su boca, y su padre se follaba salvajemente su coño. David lanzaba gemidos leves. Se notaba que estaba disfrutando. Su padre, en cambio, jadeaba con fuerza. Parecía un animal en celo. Volvió a cubrirse completamente de sudor y la mueca volvió a su boca. Continuaron así unos minutos interminables, hasta que el padre empezó a aullar y a gritar:

- Ahhhhhhhhhh. Sí. Me corro. Joder, joder, joder. Laura, por Dios, qué puta eres. Qué puta eres.

Las embestidas se volvieron aún más salvajes. La cama comenzó a temblar y a apretarme contra el suelo, con la correspondiente punzada de dolor en mis huevos hinchados y mi polla empalmada. Finalmente se corrió y cayó exhausto encima de Laura.

Entonces David sacó su polla de la boca y se dirigió a donde estaba el padre tumbado.

- Aparta, que ahora me toca a mí. Veamos cuánto da de sí el coño de mi hermanita.

- Joder, hijo. La vas a destrozar.

- Que se joda. No sabes la de veces que me habré pajeado pensando en que me la follaba. Está buenísima esta cabrona y me lo ha hecho pasar muy mal todos estos años. Hoy, por fin, me voy a desquitar.

- Pues adelante, hijo. Toda tuya.

El padre se levantó y se hizo a un lado, guardándose la polla dentro del bañador. Supongo que dos polvos en un día era lo más que podía aguantar un tío de su edad y tan mal conservado.

En lugar de subirse a la cama, David agarró a Laura por los tobillos y tiró de ella, acercándola hacia el borde. Entonces apoyó las manos en la cama y apuntó su polla hacia el coño de ella y empujó. Fue un empujón suave, de manera que sólo entró el capullo. Se notaba que, pese a lo que dijera, David sentía algo más que deseo por su hermana, ya que la trataba con mucha más dulzura que su padre.

Poco a poco fue avanzando. Desde mi sitio yo no podía ver cómo se dilataba el coño para dejar entrar aquella verga enorme, pero sólo de imaginarlo mi polla pareció a punto de estallar. David seguía empujando, descendiendo cada vez más a medida que su polla entraba en el coño de su hermana.

- Joder con la niña, vaya coño tiene. Le ha cabido entera.

El padre dijo esto mientras no quitaba ojo de la escena. David no le miró siquiera. Siguió a lo suyo. Los músculos de sus piernas y de su culo se contraían con cada embestida. Los huevos colgaban en el aire, golpeando el culo de Laura cuando David le clavaba la polla hasta el fondo. Había levantado las piernas de su hermana y las había apoyado en sus hombros, para facilitar la penetración. Era impresionante ver la fuerza y el vigor de aquella polla entrando y saliendo del cuerpo perfecto de Laura.

No pude aguantar más y decidí mover un brazo para agarrarme la polla. Me iban a estallar los huevos si no los aliviaba antes. Metí la mano bajo el bañador y comencé a acariciarme. A pesar de lo incómodo de la postura traté de imitar sobre mi polla los movimientos que hizo el padre de David mientras le pajeaba. El pacer era sublime. Me tuve que morder los labios para no soltar algún grito.

Parecía que aquello iba a acabar así, con David corriéndose en su hermana mientras yo lo hacía debajo de la cama masturbándome. Pero aquél día aún me deparaba una sorpresa más.

- ¡David! ¡Pero qué estás haciendo!

David se quedó quieto de repente, con la polla clavada hasta el fondo del coño de su hermana y las piernas de ella sobre sus hombros. Miró a la puerta, de donde provenía el grito agudo e histérico. Allí, de pie, se encontraba su madre. Llevaba puesto un bikini y unas chanclas. Tenía un pareo atado a la cintura y de su hombro colgaba una bolsa de playa.

- ¿Qué coño está pasando aquí? ¿Y tú por qué estás ahí parado, mirando, en lugar de hacer algo?

El padre no contestó. David tampoco parecía saber qué decir. Ambos se limitaron a quedarse quietos, mirando a la madre.

- Pero bueno, ¿qué os pasa? David, haz el favor de sacar tu polla del coño de mi hija.

David seguía sin reaccionar.

- ¡David, coño, que la saques te he dicho!

Este último grito pareció despertar a David y se sacudió como si hubiera recibido una bofetada. Lentamente se fue incorporando y sacando su polla del coño de Laura. Me volví hacia su madre y pude ver cómo se le abrían los ojos de asombro. Seguro que ella tampoco había visto nunca una polla como esa. No pudo reprimir un gemido de sorpresa.

David se quedó allí, de pie, mirando a su madre. Esta vez era ella la que no parecía saber qué decir. No le quitaba ojo a la enorme polla que le apuntaba directamente a la cara. Pasaron así unos segundos hasta que por fin la madre se acercó a David. Le dio una bofetada que retumbó en toda la habitación. Mientras David se acariciaba la cara, ahora enrojecida por el guantazo, su madre se agachó frente a él y cogió su bañador, que tenía bajado a la altura de los tobillos.

En esa postura, la polla de David quedaba justo a la altura de la cara de su madre, que tuvo que apartar la cabeza. Comenzó a tirar del bañador hacia arriba para subirlo. Al llegar a la altura de los huevos se enganchó con ellos, y la madre los cogió con una mano y los introdujo dentro. Ahora ya había llegado a la altura de la polla, que seguía completamente tiesa.

- A ver qué haces ahora. ¿Cómo vas a guardar eso?

El padre parecía disfrutar con la situación y miraba sonriente la escena.

- Tú calla, cabrón. Ya hablaremos luego tú y yo.

La madre cogió con una mano la polla de David y trató de levantarla. David se sobresaltó al notar el tacto de la mano de su madre y soltó un gemido, pero se quedó quieto. La madre, con su mano aún agarrándole la polla, levantó la cabeza y le miró a la cara.

- ¿Y ahora a ti qué te pasa?

- Nada, mamá. Es que tienes las manos un poco frías.

- Claro, no como el coño de tu hermana. Ese sí que está calentito, ¿eh?

David se quedó callado mientras su madre seguía mirándole. Desde mi posición pude apreciar cómo, lentamente y de forma disimulada, la madre deslizaba los dedos por la polla de su hijo hasta agarrarla entera mientras seguía mirándole a la cara.

- No contestas, ¿eh? ¿Pero tú en qué cojones estabas pensando? ¿No ves que podías haberle hecho mucho daño con esta polla? ¿No ves que es enorme? ¡Pero si mira lo larga y lo gorda que es!

Al decir esto, bajó la mirada de nuevo hacia la polla de David y comenzó a zarandearla, como si la sopesara.

- Desde luego, hijo, qué mal repartido está el mundo. Tú con tanto y tu padre con tan poco. Lo que habría dado yo hace unos años por una polla como esta.

El tono de la madre había cambiado, al igual que la expresión de su cara. El zarandeo de la polla de su hijo fue cambiando por un movimiento de arriba a abajo. Tenía la polla fuertemente apretada, tanto que los nudillos se volvieron levemente blancos, y movía la mano en un recorrido corto, sin abarcar toda la longitud de la polla, acariciando sólo la parte central.

- Es enorme, ¿eh? ¿A que te gusta? Vaya dos hijos que tenemos. El uno tiene una polla que parece una barra de pan y la otra unas tetas de escándalo y una boca que da gusto follársela.

El padre se dio cuenta rápidamente de su error y se calló de golpe, torciendo el gesto. La madre se volvió hacia él, aunque no soltaba la polla de David ni cesaba en su magreo.

- ¿Cómo? ¿Qué has dicho? ¿Es que tú también abusaste de ella? Pero cómo has podido.

- ¿Y qué querías? Si tú ya no me haces ni caso. No te cuidas, siempre estás cansada o no tienes tiempo. Y yo tengo mis necesidades.

- Ah, claro. ¿Y tú te has mirado a un espejo? Y dices que yo no me cuido ¿Acaso piensas que alguien pudiera sentirse atraída por ti? Y encima con esa polla de mierda.

- Pues si lo que quieres es una buena polla, ahí mismo tienes una. Yo necesitaba follar con una tía de verdad, un pibón impresionante. Y si el primero que se me puso a tiro fue nuestra hija, pues bueno, supongo que será cosa del destino. Pero yo, desde luego, no iba a dejar pasar la oportunidad.

- ¿Ah, no? ¿Y entonces yo debería hacer lo mismo, no dejar pasar la oportunidad y follarme a nuestro hijo y su enorme polla o qué?

- Tú verás. Desde luego yo creo que sí, a ver si así te arreglan el cuerpo y te sacan el palo de escoba que tienes metido por el culo.

David los miraba a ambos asombrado, sin saber qué decir ni atreverse a hacerlo. De repente su madre se volvió y le miró a los ojos. Luego bajó la cabeza y empezó a chuparle la polla. Empezó metiéndose el capullo dentro de la boca mientras lo recorría entero con la lengua, que asomaba de vez en cuando de sus labios. Luego fue bajando, avanzando poco a poco, introduciéndose aquella polla enorme en la boca mientras seguía recorriendo con la lengua cada centímetro de la misma.

Al cabo de un rato pude comprobar de dónde había sacado Laura esa garganta tan profunda, puesto que la polla de David había desaparecido por completo dentro de la boca de su madre, que tenía la nariz pegada contra su vientre, semioculta por su vello púbico. Seguía lamiéndole la polla con la lengua, de abajo arriba. Se la veía asomar de la boca, colocarse en la base de los huevos, que había vuelto a sacar de dentro del bañador, y volver a esconderse dentro de la boca para seguir subiendo por la polla.

David gemía constantemente. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados. Las manos colgaban a ambos lados de su cuerpo. Su madre se las cogió y las puso en su cabeza. David comenzó a acariciarla, frotando su pelo, mientras ella seguía allí quieta, con toda la polla metida en la boca y lamiendo sus huevos.

Entonces David fue soltándose y se echó un poco hacia atrás, sacando parte de la polla de la boca de su madre para a continuación volver a entrar, mientras empujaba su cabeza con las manos. Lo hizo con la misma suavidad que con su hermana, aunque en esta ocasión su madre colocó las manos en su culo, clavó los dedos en él, y le obligó a subir el ritmo. Echaba la cabeza hacia atrás y hacia delante con un ritmo cada vez más frenético, mientras él mantenía las manos sobre su pelo. Los labios se apretaban fuertemente contra la polla y la lengua iba y venía rápidamente, lamiendo toda la superficie posible.

La follada que le había estado practicando antes a su hermana, unida a la mamada descomunal que le estaba haciendo su madre, provocaron que David se corriera al poco tiempo. Echó el cuerpo hacia delante, mientras con las manos empujaba con fuerza la cabeza de su madre hacia él. Reculó un par de veces, sacando la polla casi por completo y volviéndola a meter con un empujón fuerte que habría lanzado hacia atrás la cabeza de la madre, de no ser porque la tenía firmemente apretada con las manos. El último empujón fue terrible. Casi levantó a su madre del suelo, que no obstante seguía moviendo la lengua dentro de la boca, tratando de recoger la leche que brotaba por la comisura de sus labios.

David se quedó así unos instantes, hasta que por fin disminuyó la fuerza que ejercía sobre la cabeza de su madre. Ésta entonces se echó hacia atrás para sacarse la polla de la boca. La agarró con una mano y empezó a pajearla, mientras con los dedos de la otra trataba de recoger toda la leche que le chorreaba por la cara y se la volvía a meter en la boca, relamiéndose. Cuando se la hubo tragado toda, comenzó a besarle de nuevo la polla a su hijo y a chuparle y lamerle el capullo. Luego, mientras la seguía acariciando, miró a David y le dijo:

- Vaya, hijo, desde luego la cantidad de leche que escupes es proporcional al tamaño de tu polla. Casi no podía tragármela toda.

- Es que ha sido increíble, mamá. Ha sido sin duda la mejor mamada que me han hecho nunca.

- Claro, hijo. Es que yo no soy como esas niñatas que estarás acostumbrado a follarte tú. Yo soy una mujer y sé lo que le gusta a un hombre. Y además, chupar tu enorme polla es increíble.

- Yo también he disfrutado mucho, mamá.

- Lo dices como si esto hubiera terminado.

En su cara se dibujó una sonrisa lasciva. Su expresión era increíblemente sexy e invitaba a follarse esa cara y a la mujer que la poseía. David estaba estupefacto. No parecía poder creerse lo que estaba pasando. Su madre seguía acariciándole la polla, aunque ésta ya había perdido casi toda su erección y estaba prácticamente fláccida del todo. Aún así, era más grande que la de su padre erecta.

- Pero mamá, yo sí he terminado.

- Sí, hijo, has terminado. Pero sólo una vez. Tú ya has gozado y ahora me toca gozar a mí.

- Pues no sé cómo voy a poder ayudarte yo con la polla así.

- Tú de eso no te preocupes. Ya te he dicho que yo sí sé cómo tratar a un hombre.

Dicho esto, comenzó a acariciar cada vez más rápido la polla de David. A pesar de acabar de correrse, la madre logró que aquello fuera empezando a coger fuerza de nuevo. Con una mano le acariciaba la polla y con la otra le agarraba los huevos y se los acariciaba y estrujaba. Cuando la polla cogió fuerza suficiente como para sostenerse mínimamente levantada, abrió la boca y se la metió de golpe entera dentro, mientras con una mano la agarraba por la base para mantenerla alta y apuntando hacia la boca. La otra mano seguía estrujando los huevos y tirando de ellos hacia abajo.

Comenzó a mover la cabeza, sacándose y metiéndose la polla en la boca cada vez más rápido, mientras con la mano iba pajeando la parte de polla que quedaba libre. Entonces apartó la otra mano de los huevos y la colocó en su culo, sobre un carrillo. Lo agarró y lo estrujó, clavándole la uñas. Fue acariciando el culo, acercándose cada vez más al ano. Cuando llegó a este, y sin dejar de chuparle y pajearle la polla, dirigió un dedo contra el agujero del culo de David. Lo apoyó allí y comenzó un movimiento circular.

David se estremeció, pero no dijo nada. Se notaba que estaba disfrutando, y mucho, de la mamada que le estaba haciendo su madre. Esta fue apretando cada vez más con el dedo, sin cesar en su movimiento circular, hasta que introdujo dentro la punta del mismo. En ese momento cambió el movimiento por uno más bien como de taladro, como cuando se clava una sombrilla en la arena, lo que provocó que fuera entrando poco a poco el dedo en el ano.

David ahogó un grito y brincó hacia delante. Pero la madre echó a su vez la cabeza contra él, tragándose toda su polla y sujetando su movimiento evasivo transformándolo en una embestida, que debió provocar que la polla le llegase hasta el fondo de la garganta y que David tuviese que recular de nuevo, clavándose el dedo un poco más. Cuando hubo introducido la mitad, comenzó a meterlo y sacarlo, follándoselo con el dedo. Esto pareció volver loco a David, que transformó los gemidos en jadeos de placer.

La madre seguía con su mamada, metiendo y sacando la polla por completo de su boca. Cuando estaba fuera se podía apreciar con claridad que estaba absolutamente empalmada. De hecho, al no ser ya necesario, la mano con la que la sujetaba hasta entonces se había colocado sobre los huevos y los volvía a masajear, mientras la otra seguía follándose el ano con un dedo.

Tras un rato así, la madre se sacó la polla de la boca y liberó sus manos. Mirando a David a la cara comenzó a desatarse el sujetador.

- Y ahora, hijito mío, vamos a ver lo que es capaz de hacer esta polla tuya tan enorme.

Y se incorporó mientras se soltaba el pareo y se bajaba la braguita del bikini hasta quedarse completamente desnuda. A pesar de la edad, tenía un cuerpo bastante aceptable. Desde luego que desnuda ganaba mucos enteros. Estaba claro que el problema de esta mujer era que no sabía, o no quería, vestirse. Sus pechos estaban, efectivamente, ligeramente caídos. Pero su tamaño era más que aceptable. Tenía los pezones grandes, con grandes aureolas. La cintura era tan estrecha como la de su hija, aunque su vientre estaba ligeramente abultado. Las caderas eran anchas y los muslos, aunque ligeramente fláccidos, pero eran anchos y largos. El culo era algo más prominente de lo que parecía cuando iba vestida, aunque no tenía demasiado. Desde luego, a pesar de la edad, era una mujer muy follable.

Se quedó desnuda delante de David. Le besó en los labios mientras le acariciaba y bajó la mano para cogerle la polla. Se giró y, agachándose, dirigió la polla hacia su coño.

- Vamos, hijo, clávamela. De un solo golpe. Y no te preocupes por si entra o no, que seguro que es más el placer que sienta que el posible dolor.

David la cogió por las caderas mientras ella le apoyaba el capullo en su coño. Entonces empujó fuertemente hacia delante, contrayendo los músculos del culo y de los brazos, mientras tiraba hacia él de su madre. Ella lanzó un grito y se llevó las manos a la boca.

- ¡Joder! ¡Joder, joder, joder! ¡Ah, Dios mío! ¡Qué dolor! ¡Es enorme! Pero no pares, hijo, empuja, empuja hasta el fondo. Vamos, fóllame. Así. Así. Sí.

David empujaba con todas sus fuerzas y su madre se proyectaba contra él salvajemente. Cada vez que el culo de ella chocaba contra los huevos de él se oía un golpe sordo y fuerte, que daba muestra de la brutalidad con la que estaban follando madre e hijo. Ambos gritaban y se proferían insultos de todo tipo.

De repente recordé que el padre también estaba en la habitación y le busqué con la mirada, a pesar de que mis ojos se negaban a dejar de presenciar aquella monumental follada. Por fin le localicé. Estaba de pie, junto a la cama. Se había vuelto a bajar el bañador y había cogido una mano de Laura, con la que se estaba masturbando, mientras con otra mano magreaba sus pechos.

La madre seguía lanzándose contra la polla de su hijo una y otra vez, mientras él empujaba hacia ella su polla con una fuerza y una velocidad increíbles. David apretaba los labios por el esfuerzo, mientras que su madre no paraba de gritar de placer. Sus pechos se bamboleaban violentamente hacia adelante y hacia atrás al ritmo de la follada.

En un momento dado, el padre se apartó de Laura y se plantó delante de su mujer, con la polla en la mano. La acercó a la boca de ella y, aprovechando una nueva embestida de David, se la clavó entera.

- Ahora, puta, me la vas a chupar a mí como se la chupaste a tu hijo.

La madre se agarró al culo de su marido y comenzó a chuparle la polla al ritmo de las embestidas de David. Cada vez que ella se proyectaba hacia atrás para empalarse con la polla del hijo, la polla del padre salía completamente de su boca. Cuando se echaba hacia delante para tomar impulso para una nueva follada, se metía la polla por completo en la boca. El padre, mientras tanto, la tenía agarrada por el pelo e iba follándose su boca siguiendo el ritmo que imponía David con sus folladas.

Los cuerpos de los tres estaban ahora completamente empapados en sudor. El cuerpo depilado y musculoso de David contrastaba con el de su padre, peludo y rechoncho. La madre estaba también bañada en sudor y seguía gimiendo de placer, aunque ahora sus gemidos se veían parcialmente amortiguados por la polla de su marido.

Estuvieron así un rato, hasta que el padre se apartó de la boca de su mujer.

- Hijo, déjame ahora a mí un rato, anda.

David hizo caso omiso y siguió empalando a su madre con la misma fuerza.

- Calla, cabrón. No le hagas caso David. Tú sigue. Sigue así. Me encanta, es enorme. No pares, no pares.

No paraba de gritar. Parecía estar corriéndose una y otra vez.

El padre, entonces, se acercó a la cama de nuevo. Dio la vuelta al cuerpo de Laura, poniéndola bocabajo y, agarrándola por las caderas, levantó su culo. Apuntó la polla hacia el ano y empujó. La polla entró a duras penas, pero sólo le hicieron falta unos pocos empujones para que entrara del todo. A pesar del reducido tamaño de la polla de su padre, Laura debía haber usado alguna vez ese orificio, dada la facilidad con que se la estaban follando por él. Eso me puso aún más cachondo.

En ese momento no sabía dónde mirar, ya que David seguía follándose incansable a su madre de una manera brutal, mientras que ver cómo se follaban el precioso culo de Laura me ponía como una moto.

El padre no duró mucho. Al poco rato empezó a gruñir y a resoplar y se apartó corriendo del culo de Laura. Con una mano se agarraba la polla, aguantando la corrida. Tenía la cara roja y el capullo morado. Se acercó a la boca de su mujer y relajó la presión sobre la polla, de manera que el chorro de semen se esparció por la cara de ella. No era mucho, pero algo le entró en la boca. Ella lo mezcló con su saliva y lo escupió sobre la alfombra. El padre utilizó su polla medio fláccida para empujarle el semen hacia dentro.

- Traga, hija de la gran puta, traga. Te tragaste el de tu hijo y ahora te tragarás el mío, por mis santos cojones.

Ella no tuvo más remedio que tragar. Cuando el padre finalmente le sacó la polla, completamente fláccida, de la boca, ella le miró con odio y desprecio.

- ¿Te jode que le haga cosas a tu hijo que a ti nunca te había hecho? Si tú tuvieras la mitad de polla que él, y la usaras la mitad de bien de lo que lo hace él, seguramente a ti también te haría lo mismo. Como esto, por ejemplo.

Y a continuación se apartó de David, se irguió delante suyo y le empujó contra la cama. Él cayó de culo, quedándose sentado, con la enorme polla apuntando al cielo. Tenía las venas súper hinchadas y el capullo completamente morado. Temblaba en el aire por la excitación.

La madre agarró aquella pollla y le chupó el capullo durante un rato, soltando mucha saliva, que caía desde el capullo hasta los huevos. Cuando estuvo bien lubricada por la mezcla de saliva y sus propios fluidos vaginales, se puso de pie de espaldas a él, le agarró la polla con una mano, mientras con la otra se apoyaba en la rodilla de David, y apuntó el capullo contra su culo. Se fue dejando caer muy despacio, poco a poco. A cada centímetro que aquella monstruosidad iba entrando en su culo ella soltaba un alarido, sin dejar de gritar.

- Ahhhhh. Es enorme. Qué daño. Cómo duele. Pero me encanta. Nunca lo había hecho por ahí. Es genial. Ahhhhhh.

Cuando por fin la polla entró por completo se quedó allí quieta, sentada sobre los huevos de David, con las manos apoyadas en sus rodillas. Comenzó a mover las caderas en un movimiento circular, mientras con una mano le agarraba los cojones y se los masajeaba.

David estaba quieto, dejándose hacer. Cogió a su madre por la cintura y fue subiendo las manos hasta agarrarle los pechos. Se los estrujó y le pellizcó los pezones. Ella empezó a subir y bajar, lentamente al principio y luego cada vez más rápido. A medida que aumentaba la velocidad, iba aumentando también la cantidad de polla que iba dejando fuera. Hasta llegar a un punto en que prácticamente se ponía de pie para sacarse la polla casi por completo, para a continuación dejarse caer de golpe empalándose con esa estaca.

Ahora David la volvía a coger por la cintura, ayudándole a subir y bajar. Con las caderas empujaba tratando de aumentar la penetración.

Estuvieron así poco rato, ya que David en seguida comenzó a gemir. Usaba el cuerpo de su madre como para masturbarse. La levantaba casi por completo y la lanzaba hacia abajo con fuerza, empujando contra su culo, y se quedaba así unos segundos para volver a empezar. En uno de esos empujones sus ojos se cerraron, echó la cabeza hacia atrás y abrió la boca. Soltó un alarido de placer tremendo mientras empujaba tanto hacia arriba que levantó a su madre unos centímetros sobre la cama. Ella también gritaba.

- Así, hijo, así. Córrete en mi culo. Me encanta. Ya no sé cuántas veces me he corrido, pero me estoy corriendo de nuevo. Sííííí.

Cuando finalmente David relajó la presión, la madre se dejó caer sobre él, sin sacar la polla de su culo, y se recostó contra su pecho. Echó la cabeza hacia atrás y ambos se besaron. Del culo de ella salían hilillos de semen, que recogió con los dedos. Los llevó a la boca de su hijo, que los lamió y los chupó con avidez. Luego hizo ella lo mismo y finalmente volvieron a besarse. Siguieron así, abrazados, hasta que el padre intervino.

- Bueno, ¿y ahora qué?

- Pues ahora, gilipollas, nos vestimos y nos bajamos a la piscina a refrescarnos. Y de esto chitón. Como si no hubiera pasado.

El padre se dio media vuelta y desapareció por la puerta. Ella se levantó, sacándose la polla de David del culo. Estaba casi fláccida del todo y aún así era enorme. La cogió con la mano, acercó su cara a la de su hijo y le besó en los labios, mirándole con deseo.

- Eso de que nunca ha pasado se lo digo al gilipollas de tu padre. Tú y yo tenemos que repetir esto cuanto antes. Tienes una polla increíble, David, y follas como los dioses. Creo que es hora de que tú y yo estrechemos los lazos maternos.

Y, dándole un último beso en los labios, cogió su ropa y se marchó. David hizo lo propio, echándole un vistazo al cuerpo desnudo de su hermana antes de irse.

Esperé aún unos minutos después de oír el ruido de la puerta de la calle antes de salir de debajo de la cama. Miré la habitación, sin terminar de creerme lo que allí acababa de pasar. Vi a Laura desnuda y tumbada bocabajo en la cama, con el culo ligeramente levantado. A pesar de mi erección y de lo enormemente excitado que estaba le di la vuelta, la tumbé boca arriba y la tapé con las sábanas.

A continuación volví a mi apartamento saltando por la terraza. Pude comprobar que, efectivamente, los padres de Laura y su hermano estaban refrescándose en la piscina. Me metí dentro y me masturbé pensando en la escena que acababa de contemplar. Pensaba en el cuerpo de Laura, en la visión de las pollas entrando en su boca, en su coño y en su culo. Vi también la enorme polla de David, con sus venas marcadas. Y pensé también en la madre, en su forma salvaje de follar, sus pechos agitándose violentamente, su boca tragándose la polla de David…

Tuve un orgasmo descomunal. Toda la leche y la excitación que había estado conteniendo salieron de golpe. Mi polla no paraba de escupir semen a borbotones. El placer me hacía sacudir el cuerpo. Con cada sacudida escupía un nuevo chorro de leche.

Finalmente el orgasmo cesó y me quedé exhausto. Permanecí allí tumbado un rato, sin poder moverme, hasta que oí un ruido en la terraza. Reuní fuerzas y me asomé. Vi que Laura estaba asomada a través de la mampara que separa nuestras terrazas. Me estaba llamando, así que salí para hablar con ella.

- Sí, Laura, dime. ¿Qué querías?

- Bueno, es que antes no pudimos terminar nuestra conversación porque me entró el sueño.

- Sí, tienes razón. Pero no pasa nada. Es el resfriado y eso.

- Sí, claro, el resfriado. Bueno, en cualquier caso, quería que supieras que, cuando tú quieras, podemos quedar para terminar lo que quedó a medias.

- Sí. Estaría bien quedar un día a tomar unas copas y así terminamos la charla.

- Bueno, yo no me refería a la charla, precisamente. Sino más bien a que al final fuiste tú el único que no pudo disfrutar hasta el final de su plan.

Me quedé helado. No sabía que decir. Estaba flipando. ¿Había estado despierta todo el rato? ¿Cómo era posible? ¿Cómo no dijo nada cuando se la follaron su padre y su hermano? ¿Cómo pudo aguantar ser penetrada por el pollón de David sin inmutarse?

En ese momento se oyó el ruido de abrirse la puerta: su familia había vuelto. Ella se asomó aún más, me besó en los labios suavemente y, guiñándome un ojo, se volvió y se metió en su apartamento. Mientras entraba pude oír cómo decía:

- Hola, chicos. ¿Qué tal la piscina? Yo me quedé dormida y me acabo de despertar. Es este resfriado, que me tiene hecha una mierda. ¿Lo habéis pasado bien vosotros mientras dormía?

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Comentarios

  1. Gabriela pérez vera dice:

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