Masajes

porno 11 de febrero de 2008 0 Comentarios

Masaje. Esa palabra ahora suena a sexo y prostitución, por causa de los que buscamos una experiencia diferente. Ultimamente los negocios de “masaje” tienen mucho auge, a pesar de las autoridades y las gentes “de bien”, y una persona buscando un verdadero descanso a traves del masaje se tiene que andar con mucho ojo a la hora de elegir un establecimiento. No sea que le den liebre por gato.

Aunque ya había ido a varios locales de masaje antes, ese día sentía que me iría bien disfrutar el masaje antes de tener sexo. Ese día me sentía merecedor de todos los mimos que me pudiera dar: además del masaje, cenaría en un restaurant.

Llegué como a eso de las 8 a un local donde había tenido buenas experiencias. Por lo regular cuando entras al local hay un pequeño recibidor donde las chicas disponibles esperan a que lleguen los clientes…no sé como se organizan de cierto pero supongo que las que no han tenido trabajo se colocan primero para que a todas les toque el ingreso parejo. Cuando entré, en el recibidor estaban varias chicas y una mujer algo mayor, se vería entre 36 y 38 años, realmente no mal llevados, morena, entradita en carnes pero no gorda, de pelo negro liso. Me recibió con la pregunta ritual “¿viene a masaje?”. A mi respuesta afirmativa me preguntó si deseaba que ella me atendiera o, ¿tal vez alguna de las otras chicas? Eran como cinco otras las chicas que estaban sentadas en un sillón y realmente eran atractivas pero por alguna razón la señora me pareció perfecta para esa ocasión. Me mostró el camino (que en realidad ya conocía…) y la seguí a una de las salas. Esperé levemente no tener una decepción, ya que una de vez que me atendió una mujer mayor, me puso una toalla sobre mis partes durante todo el masaje, que quedó solo en eso. Afortunadamente ese fiasco no se iba a dar esta vez.

Me preguntó que clase de servicio iba a querer: sólo el masaje, relajación (masturbación), oral o completo (o sea: todo). Bromeando le dije que todos juntos; sonrió y me dió el precio de la sesión de masaje “completo”, añadiendo que con una buena propina se encargaría de que quedara muy satisfecho. Nunca me ha gustado regatear en esas ocasiones y además mostrando buena inclinación hacia la chica obtienes una atención mejor que si sólo preguntas el precio. De modo que con mis mejores modales le dije que aunque nos diéramos solamente la mano ella contaría con una buena propina. Sonrió y pensé que estábamos empezando a romper el hielo. Me dijo “ponte cómodo, ahí regreso”, preparó la mesa del masaje y salió de la sala. Me desvestí, acomodé mi ropa en un sillón y me senté nuevamente en la mesa a esperar que regresara.

Regresó con toallas. Me dijo que me acostara boca abajo para darme el masaje, y me preguntó cómo lo quería: suave o fuerte. Lo pedí fuerte, ya que había trabajado bastante y necesitaba el masaje vigoroso para descansar mis huesos. Me preguntó si deseaba yo que se desnudara y claro, le dije que sí. No es un cuerpazo según los cánones pero que me atrajo inmediatamente: senos grandes y poco caídos, las nalgas igual y el detalle que me encantó, una panocha velludita y de labios gruesos. Me untó de aceite y empezó a masajearme. Realmente tenía experiencia pues en sus manos me sentía agradablemente relajado. El ambiente, a media luz y agradablemente cálido me causaron sueño y medio amodorrado platiqué con ella. De verdad, me sacó plática y era agradable. Dos hijos adolescentes ya, separada de un marido que no recuerdo si se fugó con otra o la maltrataba, pero no se arrepentía más que por los hijos. Me preguntó si ya había venido a este local y sí, varias veces había yo acudido a solicitar sus agradables servicios. No me recordaba pero no era importante porque tenía poco tiempo de trabajar en este sitio. Me preguntó nombre, edad (43) y en donde trabajaba y a ambas le contesté con la verdad. Se rió y me dijo que parecía menor, como de 35 (nunca me la creo)…pero le dije que en todo caso ella se veía menor que yo. Sonrió ante mi intento de cumplido.

Es agradable platicar, haces una conexión con la otra persona si la haces aunque sea por un momento parte de tu vida y participas en la de ella y todo lo demás que hagan es más personal. En el masaje que me estaba dando, me pasó una mano por entre las piernas. Se siente delicioso cuando te acarician por atrás cuando estás acostado…su mano pasó por la raja de mis nalgas, mi ano y los testículos para terminar por mi verga. Me estremecí y suspiré. Aunque todavía no se me ponía erecta, se sentía verdaderamente placentero sentir la mano acariciando tu miembro por la parte inferior, al revés de la mayoría de las ocasiones, donde lo primero que te toman es la punta. Sea como sea, me sentía muy bien con una señora madura pero atractiva acariciando mi virilidad.

Consideró suficiente el masaje en la espalda; me dijo que me volteara de frente. Mi pene aún esta flácido a pesar de las caricias. Me comenzó a masajear a partir de la cabeza, con masajes en cuello y hombros, luego en el pecho, vientre y piernas. Cuando me masajeaba la parte inferior del cuerpo, su mano pasaba sobre mi pene, hasta que lo tomó definitivamente y lo empezo a acariciar suavemente, todavía no era masturbación, sólo caricias. Pero qué caricias. Mi verga empezó ahora sí, a reaccionar y a crecer en su mano. Creció y se puso dura, lo que me valío un comentario sobre el tamaño, a lo que le contesté “a la orden”. Las caricias se hicieron más intensas, ya era una verdadera masturbación y con la otra mano me sobaba los testículos y la parte entre los testículos y el ano, una de las caricias más agradables que se pueden recibir. Pronto mis suspiros le hicieron saber que estaba en lo correcto al acariciarme de esa manera; su dedo se empezó a abrir paso hacia mi ano para acariciármelo suavemente. Mi verga me dolía de lo erecta que estaba, y además, no perdí tiempo en poner mi mano en Sara, primero la cadera, después un seno y al fin su vulva peludita y caliente.

Dije antes que es agradable y provechoso hacer conexión con la otra persona: no se resistió a mis caricias y al contrario, abrió más las piernas para que pudiera explorar a placer el lugarcito entre sus piernas. Le acaricié el clítoris y sentí que se humedecía su panocha; se estaba comenzando a excitar. Abrió más las piernas y le metí los dedos, sin dejar de acariciarle su clítoris, que se ponía duro. Moví mis dedos hacia su ano y me agradó sentirlo también velludito, no mucho, sólo lo suficiente. En mi mano sentía la humedad de su panocha, que estaba caliente e hinchada por mis caricias. Antes de nada ambos nos dedeábamos y suspirábamos al unísono.

De pronto se inclinó y se metió mi verga entera en su boca. Aaah! Qué sensación! Su boca estaba caliente y de alguna manera se la ingenió para metérsela toda. Lo mamaba con fruición, como queriéndoselo acabar. Su lengua rozaba la punta de mi pene con cada sacudida arriba y abajo y mi mano le correspondía metiendo y sacando un dedo de su culo. Le pedí “siéntate en mi cara”, esa panocha me alucinaba comérmela. Al principio se negó, sin mucha convicción pero mis caricias empezaban a hacer efecto en ella. Se subió a la mesa de masajes y me brindó el incomparable espectáculo de su panocha velludita y su culo también velludito, todo frente a mí, listo para comérmelo.

La empecé a comer, primero su panocha, aparté con los dedos los labios para meter la lengua en la vagina, sin dejarle de acariciar el clítoris. Era de las que se mojaba mucho con el placer, porque sentí correr sus fluidos vaginales por mi barbilla y mejillas. Apresé sus senos grandes y caídos, de pezones duros en mis manos y me dediqué ahora a comerle el culo. Lo lamí con la punta de la lengua y luego se la pasé por el hoyo, como si lamiera un chocolate. Su cuerpo se estremecía con lo que le estaba haciendo mi lengua y su dedo entraba y salía también de mi culo. No olía ni sabía mal, ni estaba muy velludo, era para mí un verdadero placer mamárselo.

Después de un rato para ambos interminable, se incorporó para ponerme un condón y clavarse de un solo sentón en mi verga. A pesar de la edad y haber tenido hijos, su vagina se sentía apretadita. Se movía de arriba abajo con frenesí, su cara roja decía por todo lo alto el placer que estaba sintiendo. Yo no era menos: mis manos apresaron sus senos que se movían con el frenesí del mete saca de su cuerpo, y me pidió que se los pellizcara. No me hice de rogar y le pellizqué sus pezones. Se inclinó sobre mí para sorprenderme dándome un largo y goloso beso de lengua, a pesar de tener en mi boca el sabor de su panocha. La abracé estrechamente.

Se apartó de mí después de besarnos, para ponerse en cuatro, ofreciéndome su trasero grande y apetitoso. Digan lo que quieran de las rellenitas, en su favor hay que decir que hay mucho de donde agarrar. Me arrodillé y se la volví a meter. Se salió un par de veces mientras nos acoplábamos al ritmo del otro pero terminamos por ponernos de acuerdo…ella de lo caliente que estaba se movía como posesa contra mi verga, mis testículos tocaban a cada embestida la parte inferior de su panocha. Yo también me movía, haciendo más dura y profunda la penetración. Después de estar en esa posición la empujé hasta hacerla acostarse boca abajo, con sus nalgas frente a mí. Tuve la espléndida visión de mi verga entrando y saliendo de su panocha, además de poderle ver el culito…abrí las nalgas con mis manos para dedearla en el culo. Ahora estaba frenética: se movía y se retorcía a cada embestida de mi lanza, gemía y suspiraba y tanta calentura terminó por orillarme a la eyaculación, que se empezó a notar con la creciente urgencia de mi mete saca. Le anuncié que me iba a venir, y me animó a que lo hiciera. Uuuggghh…tremendos espasmos de mi verga escupieron semen espeso dentro de ella. Aceleré mi mete saca mientras eyaculaba, antes de que el dolor me obligara a bajar el ritmo. Sara aún no se corría pero lo hizo pronto, moviendo espasmódicamente su trasero encajándose profundamente mi verga. Un par de minutos después se corrió ella también, escandalosamente, estremeciéndose y con sus jugos empapando mi verga y testículos. Nos separamos y nos quedamos quietos cinco minutos. Mi eyaculación me hizo ver estrellas y por su cara sudorosa pude ver que ella había obtenido el mismo placer que yo de la relación. Como ya estábamos cortos de tiempo (se nos acababa el plazo) nos aseamos y nos metimos a la ducha. Nos vestimos y le pagué lo convenido, añadiendo con verdadero agradecimiento, una generosa propina, bien lo valía.

Me preguntó cuándo regresaba y dije que pronto. Ojalá lo pueda hacer. Para acabar esa noche me regalé una buena cena (la invité pero no aceptó) y compré unas revistas en un centro comercial. Procuraré volver con ella pronto pero no muy pronto: si te consientes con excesiva frecuencia el regalo deja de tener sabor.



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