Jugando con papá

porno 17 de febrero de 2008 2 Comentarios

Decía en la primera parte como, jugando en la cama a las luchas libres, poco a poco mi padre y yo iniciamos nuestras relaciones filiales y gay, las cuales hemos disfrutado, sobre todo cuando viajamos juntos.

Esta estupenda relación padre/hijo la mantuvimos durante aproximadamente 8 años, y especialmente la disfrutamos cuando mi papá dormía en mi habitación en la planta baja de nuestra casa, mientras que mi madre dormía en la recámara conyugal en la segunda planta, ya que a ella casi no le gusta ver TV, y como yo tenía una en mi habitación, era el pretexto para que mi padre se quedara muchas noches a dormir en mi cama.

Cuando mi papá pernoctaba en mi habitación, nos estimulábamos mutuamente al acostarnos y dormir ambos en la misma cama y cubrirnos con la misma cobija.

Por su trabajo, mi papá viajaba constantemente y a mi me gustaba acompañarlo, sobre todo en la época de mis vacaciones escolares. Viajábamos solos, y en cuanto entrábamos a la habitación del hotel nos desnudábamos y en la cama hacíamos grandes cosas.

Nuestras masturbadas eran fenomenales.

A mis 18 años yo ya tenía abundantes pelos, mi verga es grande y gruesa, y lanzaba chorros de leche con gran potencia.

Cuando estábamos los dos solos en la habitación del hotel y completamente desnudos, sin mayor problema, papá se acomodaba entre mis piernas y empezaba a mamarme de forma espectacular.

¡Oooohhhgggg, papá, esto es fenomenal…!

¿Te gusta, hijo..?

Papá, me encanta, me gusta… sigue….

Mientras mi papá me mamaba la verga, los huevos y me ensalivaba los pelos, me apretaba de las nalgas y me tocaba mi culito virgen hasta entonces. Con mucha prudencia introducía su dedo índice en mi ano, dilatándolo con leves movimientos aprovechando su abundante saliva y mis líquidos preseminales.

¡Oooohhhggg, papá, me voy a correr….!

¡Córrete, hijo, córrete en mi boca…!

¡Oooooohhhgggg, papá, me estoy corriendo…..! ¡Oooooohhhgggg! ¡Oooooohhhgggg!.

Y mientras yo me corría abundantemente en la boca de papá, el se masturbaba y tiraba su leche sobre mi cuerpo, en mi cara, o donde fuera.

Así pasó un año más. Nuestros juegos eran cada vez más atrevidos.

Una tarde que estábamos en la habitación del hotel en turno, acostados en la cama desnudos y acariciando nuestras intimidades, me dice papá:

Hijo, tu pico es lo suficiente grande para hacer feliz a cualquiera. Si tú quieres puedes hacer feliz a tu papi.

Tu dime cómo, papá.

Méteme tu pico por la cola.

Debo aceptar que ya hacía mucho tiempo que yo deseaba tener una relación de este tipo con mi padre: que él me introdujera ya no su dedo índice, sino su pene y rompiera mi virginidad, o bien, yo hacérselo a él, pero temía que él lo tomara de otra forma.

¡Qué bueno que era mi papá quien me lo proponía a mí! Claro que no dije que no, sino que “haciéndome el inocente” en relación a las posibles posiciones para una relación sexual más íntima, le dije a papá:

¿Pero cómo lo haremos, papá?

Yo me acostaré al borde de la cama. Tú me embistes de pié poniendo mis pies sobre tus hombros.

Así lo hicimos: papá se acostó al borde de la cama, en tanto yo de pié me acomodaba entre sus piernas, poniendo éstas sobre mis hombros.

Debo aceptar que era la primera ocasión que yo le veía el culo a mi papá.

Papá me dice:

Pon crema sobre tu verga y sobre mi culo para que entre con menos dificultad.

Alargué mi mano y tome la crema que previamente estaba en el buró y seguí las instrucciones.

Introduje mi dedo en el culo de papá y lo jugaba en su interior; cuando éste entró sin dificultad, puse la puta de mi lanza en el objetivo y empujé.

Mi lanza empezó a abrir camino en el interior de papá. Mientras éste apretaba los labios de dolor, debo decir que a mi también me dolía, puesto que yo también era virgen de esa parte y mi frenillo también se rompía. Pero el dolor pasó a segundo término ya que el placer era mucho mayor.

Una vez que entró toda empecé un “mete-saca”, primero lento y conforme se humedecía el culo de papá fui imprimiendo un ritmo más rápido.

Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera….

¡Ay, hijo, eres un poco brusco, pero sigue….!

Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera…. Toda al fondo, casi toda afuera….

¡Papá…, me corro…!

¡Córrete, hijo, dame toda tu leche en mi culo…. Dame toda tu leche…!

¡Oooooogggghhhh….! ¡Me estoy corriendo…!

¡Si, hijo, siento tus chorros que me inundan… inúndame todo, mi niño, inúndame todo….! ¡aaaaahhhhhhh….!

¡Oooooogggghhhh….! ¡Me estoy corriendo…! ¡Oooooogggghhhh….! ¡Me estoy corriendo…!.

¡Dame toda tu leche, hijito, dame toda tu leche….!

Abrazando a papá, y sudando los dos copiosamente, dejé de moverme cuando sentí que ya me había quedado vacío y sin fuerzas.

Con mi verga aun introducida en el culo de papá estuve a punto de quedarme dormido. Sin embargo me ardía bastante y empecé a sacarla poco a poco.

Al sacarla totalmente noté que entre mi semen que salía del hoyo de mi papá, también escurría un poco de sangre. Era tanto sangre del intestino como de mi frenillo que se había roto: ¡había perdido mi virginidad… papá me la había cortado…!.

Debo aceptar que la herida de mi frenillo me dolió bastante y sangró durante 2 días, tanto que mi papá me llevó al médico a quien obviamente le contamos que “yo había perdido mi virginidad con una jovencita”; el médico seguramente creyó y nos explicó que se debía a que yo tenía en esa parte de mi pene más terminales de venas que el común de los hombres, que eso me haría muy sensible al sexo, pero que no tardaría en sanar. Prescribió un analgésico local y a la semana yo ya estaba como nuevo. Lo único que hicimos en esa semana fue sexo oral.

Justo a la semana volvimos a tener sexo y ya sin el dolor de la primera vez todo fue placer y gozo entre papá y yo.

Cierta noche, mientras dormíamos en el hotel, y que lo hacíamos en la misma cama, dormido le di la espalda a mi padre, quien me abrazó. Desperté cuando él acomodaba su pene entre mis nalgas y lo empujaba entre mis piernas.

Como siempre que estábamos solos en el hotel ambos dormíamos desnudos, no había mayor obstáculo para iniciar nuestros “juegos”.

Tomé con mi mano el miembro de mi padre y lo apreté. Le dije:

- Papá, ¿quieres metérmelo por la cola?

- Si tú aceptas, mi niño, si quiero.

- Si, papá, hace mucho que lo deseo, pero no me atrevía a pedírtelo.

Eso bastó para que papá se subiera sobre de mi y me abrazara fuertemente.

- Mi niño, lo haré con ternura y mucho amor para que no sufras.

- Si, papá. Hazlo como tú quieras.

Yo temblaba de emoción y excitación.

Mi papá, mientras me besaba en el cuello y en la boca y me succionaba los pezones, me estrujaba las nalgas y tocaba mi culito virgen introduciendo sus dedos con delicadeza. Yo me apretaba a su cuerpo deseando que estuviera todo dentro de mi, no me importaba que me doliera y me hiciera lo que él quisiera.

Frente a frente se recostó sobre de mi y siguió besándome. Como si yo fuera una mujer, abrió mis piernas y acomodó su pene tocando con su glande los pliegues de mis nalgas. Movía su pelvis cómo que ya estábamos haciendo el sexo lo cual me hacía que lo deseara más a cada momento.

¿Te lo meto, hijo?

¡¡¡Sssssiiiiiii!!!!!, pero por favor, despacito, que no me duela mucho. Soy virgen.

¿Eres virgen, hijo?

Si, papá, soy virgen para ti solo.

Lo haré con cuidado. Si te duele me dices, pero no vayas a gritar, por favor.

Voltéandome le ofrecí mis nalgas. Delicadamente las abrió apuntando la punta de su lanza a mi hoyito previamente ensalivado y mojado con sus líquidos preseminales.

Después de varias embestidas sin éxito para él y con un poco de dolor para mi, presionó con mayor seguridad logrando abrir camino un poco, introduciendo su cabeza, lo cual me hizo morder mi almohada de dolor.

¡Detente, papá, por favor!, ¡me duele mucho!

Sin sacarla, mi papá detuvo su embestida: había logrado introducir su cabeza que ya amenazaba romper mi esfínter y desflorar mi virginidad.

Afloja un poco el cuerpo, hijo. Estás muy tenso.

¿Cómo, papá? No sé. Es mi primera vez de esta forma.

No te aprietes. Estas duro de todo el cuerpo.

Es que me duele mucho…..

Te duele porque no estás cooperando. Coopera un poco. Te voy a decir cómo.

¿Cómo….?

No muerdas la almohada. (Dejé de apretar mis quijadas en la almohada).

Suelta las manos y los brazos, como si te quisieras quedar dormido….

Lo hice poco a poco y así seguí las instrucciones que me daba mi papá, mi primer hombre.

Suelta también las piernas…. afloja las nalgas…

Cuando me relajé un poco papá embistió de nuevo, rompiendo, ahora si, lo que tenía que romper para dar paso a gran trozo de carne caliente.

Mordí de nuevo la almohada y lloré de dolor y de placer: había logrado mi sueño de ser desflorado por mi propio padre.

Empezó primero un delicado “mete y saca” que poco a poco aumentó de velocidad hasta que el dolor desapareció por completo para dar paso, a partir de esa mañana a muchas horas de placer que mi papá y yo hemos repetido varios años.

¡Oh, papá, me has introducido toda tu verga!

Si, hijito, te ha entrado toda…. ¡Oooohhhhh!

¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!

Casi toda afuera y toda hasta el fondo, Casi toda afuera y toda hasta el fondo, Casi toda afuera y toda hasta el fondo, Casi toda afuera y toda hasta el fondo… Era un placer indescriptible. El dolor había cedido por completo… ahora era gozo y placer.

Repentinamente y sin yo desearlo, mi papá extrajo todo su miembro de mi interior. ¡Que enorme vacío sentí…!. No supe por qué lo hacia, hasta que me dijo que cambiaríamos de posición.

Me puso al borde de mi cama y acomodando mis pies sobre sus hombros mi papá se arrodilló en el piso. Apuntó la punta de su lanza a su objetivo que sin ningún impedimento se perdió totalmente en mi ano sangrante.

Es la posición que siempre me ha gustado más para hacer el amor, ya que mientras soy penetrado, podemos besarnos y me siento mujer.

¡Oooohhhhh, papá, dámelo todo, papá!

Todo… es tuyo…., hijo… Todo… es tuyo…., hijito… Todo… es tuyo….,

¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!, ¡Aaaahhhh…!

En tanto era penetrado hasta el fondo mi papá me besaba en la boca, en el cuello, o succionaba mis pezones haciendo surgir la mujer que desde niño llevo dentro de mi mismo, aunque debo decir que mi apariencia no es para nada la de un homosexual.

En eso mi papá se agitó de forma especial diciendo:

¡Me corrooooo….!, ¡Me corrooooo….!, ¡Me corrooooo….!,

¡Dame toda tu leche, papá!, ¡dámela toda!

¡Oooohhh!, ¡Oooohhh!, ¡Oooohhh!, ¡Oooohhh!, ¡Oooohhh!

Cada gemido de mi papá era un chorro de su semen caliente que inundaba mis interiores y se me derramaba hacia el exterior. Dejó mi ano totalmente húmedo y chorreando leche y sangre. Fue una posesión única, jamás la he podido olvidar. Un poco de dolor al principio pero después fue placer y más placer.

Ese placer lo experimentamos mi papá y yo muy seguido durante los años que siguieron y que pudimos hacerlo. Puedo decir que nuestras relaciones hicieron que desde entonces nuestra comunicación creciera.

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Comentarios

  1. kevin dice:

    que masacre esta esa historia sigan haciendo mas por favor

  2. fer dice:

    hola esta buena tu historia si pudieras darme tu correo seria genial agregame va mi mns es fercho270693@hotmail.com