Deseo evocar algo que me sucedió hace ya bastantes años, cuando apenas había cumplido los veinte. Quizá sea una de las experiencias más bellas de mi vida, de esas que dejan huella evidente y vigorosa de su paso. Fue en el verano de 1969, en la ciudad francesa de Grenoble, adonde había viajado para perfeccionar mi francés, lengua que, por aquel entonces, tenía más importancia que ahora, aunque ya comenzara una cierta decadencia, por la competencia, casi desleal, del inglés.
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Era un día frío de invierno. Él estaba en la barra de un café de su pueblo, donde me hallaba de paso. Me pareció tan guapo, que no pude evitar mirarle con expresión de asombro mal controlada. No esperaba encontrarme algo así en un pueblo, poco más o menos que perdido en los mapas. Pero él, ajeno como estaba a mis miradas y sin siquiera apercibirse de mi presencia, bebía despacio, vino tinto a pequeños sorbos, en tanto que conversaba con un grupo de amigos, chicos y chicas, de ese mismo pueblo. Vestía una chaqueta de pana marrón, un jersey de pico granate, camisa blanca, vaquero azul de marca desconocida y, alrededor de su cuello, una bufanda de color rojo. Calzaba unos zapatos de suela de goma, tan corrientes como su ropa. Puede, así, comprenderse que no fuera, en absoluto, el conjunto de aquella indumentaria lo que me fascinó.
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Me llamo Jose, tengo 22 años y vivo en el sur de España, en un pequeño pueblo a 30 kms de la capital de la provincia, donde estaba la Universidad a la que había entrado un año antes a estudiar Magisterio. Durante el año anterior me había desplazado diariamente en el autobús pero, para este nuevo curso ya había logrado comprarme un coche con el que los viajes a la capital se me hacían más cómodos y llevaderos. Estaba en la tercera semana de septiembre, hacia mucho calor todavía, era martes y ese día salí de casa con destino a la Universidad.
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He deseado escribirte estas líneas con el objeto de hacerte ver que es lo que busco en la otra persona. Como te conté vía el CHAT, Yo tuve algo, que talvez se pueda decir que fue mi primera experiencia en estas lides. Hace como un mes y algo mis padres andaban fuera por negocios de él y me encontraba en casa aburrido. Navegue por la red y ahí encontré un articulo que hablaba sobre los teatros pornos y lo que sucedía en ellos. Mi curiosidad despertó y quise probar, para lo cual me prepare. Me di un baño de tina para lo cual utilice algunas sales de mi mamá y que eran de un perfume medio neutro, pero muy excitante. En el baño aproveche de depilarme completamente mi pene y sus alrededores, y afeitar mi cara de los pocos pelos que tengo. Quede limpio de todo bello. Una vez fuera del baño coloque un espejo en el suelo y decidí depilar mi cola y sus alrededores. Mi ano quedo completamente libre de todo bello. Me puse unas cremas de mi madre alrededor de mi peno y culo que los dejaron suavecitos como las partes de una bebe y muy perfumados. Me peine mis cortos cabellos, acomodando bien paradita mi onda y afirme con bastante gel, cosa que quedaran muy ordenaditos. Utilice una desodorante corporal que me daba un aroma masculino pero in sinuoso a la vez. Como ropa, le robe un blue jeans elasticado a mi hermana mayor que me quedaba bastante ajustado al cuerpo y denotaba muy bien mis cuidadas partes. Arriba utilice un chaleco de esos que usan los caballeros pero hecho de tela de jeans y sin mangas. Debajo de mi pantalón no había calzoncillos y bajo el chaleco no me puse camisa. Quería ir con poca ropa para entrever mi bien cuidado cuerpo. Te cuento que tengo una buena cintura, ni una grasa, bastantes calugas en mi estomago y pectorales bien formados. Arreglado partí al centro a unos de esos cines porno.
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“No llego, no llegó”, pensaba para mis adentros mientras corría hacia el aseo; tras probar suerte con dos aseos de mi planta en oficinas, sin obtener un solo sanitario vacío, corrí hacia los aseos públicos que había en el entresuelo. También estaban cerrados los dos que había, toqué la puerta con insistencia, pero tras conseguir abrir una de las puertas comprobé que estaba fuera de servicio. Llamé con los nudillos a la otra puerta y tras unos momentos de no obtener respuesta, comencé a blasfemar. Cuando ya pensaba que me haría mis cosas en los pantalones, la puerta se abrió.
Dentro había un hombre mayor sentado en la taza, de unos setenta años, fibroso y con el pelo encanecido; estaba totalmente desnudo, con la ropa colgada de una percha, y con una mano asía su miembro erecto, en lo que parecía estar dándose placer. Me quedé un poco pasmado, y por un momento estuve a punto de gritarle que qué hacía allí en esa actitud, pero enseguida noté cómo si aquel hombre se apoderara de mi mente; una voz interior me dijo que me callase y mis cuerdas vocales se tensaron hasta impedir que sonido alguno fuese emitido por mi voz. Una fuerza desconocida me obligó a entrar en el estrecho recinto y cerrar la puerta tras de mí, sin poder apartar mi mirada de la profundidad infinita de los ojos azules de aquel viejo. Algo no andaba bien, no sabía que estaba haciendo, pero no era dueño de mis movimientos.
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Somos tres cuñados: Enrique, quien tiene dos hermanas, y sus respectivos maridos, Fran y yo.
El dia de la boda de Enrique, nos “despacharon” a la habitacion de invitados ya que el resto de la casa estaba dedicada a las mujeres de la casa, peluqueras, maquilladoras, etc…
El primero en ducharse fui yo. Me desvesti completamente y entré al baño en slip.
Esperaba el turno Fran llevando unicamente boxers, quien al entrar al pequeño baño se los quitó y se los tiró en la cabeza al cuñado que estaba un poco nervioso preparando su traje; sólo se rió y le dijo “vas a agarrar frío en la picha”. Fran me miró haciéndome un guiño y estirándose la verga como quien juega con un muñeco… era su manera de que se la viésemos, un poco exhibicionista el tío.
Enrique comenzó a desvestirse, bueno a quitarse lo que le quedaba ya, y se sentó a hablar conmigo de lo bien que se lo iba a montar después de todo éste jaleo.
Escuchamos que Fran cerró el agua y se disponía a entrar en el baño cuando le digo ” no te vas a bañar en slip, no?” “pendejo” me contestó, se los quitó y me lo tiró a la cara riéndose otra vez.
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