Por fin un respiro. Íbamos en nuestro todo terreno, mi marido Manuel, su amigote Pedro y su esposa Carmen, o Mamen, como la solíamos llamar los más allegados. Nosotros habíamos dejado el bar atrás y ellos sus oficinas. Desde que teníamos el bar que apenas habíamos salido en plan escapada y ya hacía bastante tiempo de la última vez. Por supuesto a mi y a Mamen no nos entusiasmaba ir de pesca con los maridos, pero era la excusa perfecta para salir unos días de acampada y hacer algo diferente.
Al despertar mire ambos lados de la habitación, al principio no recordaba donde me encontraba, me levante pesadamente, poniendo en pie mi figura desnuda, al mirar sobre mi hombro y ver a aquella dulce mujer de cabellos negros sonreí ligeramente, si que lo recordaba, en silencio y con cuidado de no despertarla, me encamine a la ducha, donde me sumergí en aquel tibio torrente de agua que refresca mis músculos y mis recuerdos.
Estuve estudiando fuera de mi país por un ciclo escolar, debido al trabajo de mi padre, entonces tenia 18.
Para mi el hecho de ir a un lugar nuevo ya era costumbre, era hacer maletas, viajar, y llegar a hacer nuevos amigos “era una rutina”, de la cual solo me quedaba un año ya que pronto acabaría la preparatoria y no tendría que moverme ya que empezaría la universidad en mi país.
Pensé que nunca llegaría ese momento en el que tienes que tomar decisiones de adulto. Cuando tienes un trabajo estable y piensas que nunca va a dejar de serlo. Pero, de repente, ves claramente que eso se acaba, que tiene un fin, y que no sabes hacia donde tienes que tirar.
No quiere decir que no estés cualificada para desempeñar otro trabajo similar, o que no tengas la preparación suficiente para hacer otros, pero cuando algo te gusta, cuesta aceptar que lo vas a perder, tanto a nivel laboral como a nivel personal.
Este relato me sucedió hace años. Regenteaba un gimnasio de propiedad de una amiga, donde llevaba la contabilidad y manejaba al personal mientras ella realizaba otros negocios y viajaba por el mundo.
Yo andaba sin pareja hacía 6 meses y por el momento, no me interesaba liarme en una relación seria pues había quedado muy dolida y extrañando a Celia que decidió viajar a otro país para concluir sus estudios superiores en vez de quedarse conmigo. Sé que era egoísta de mi parte pero no podía impedirlo. En ese trance estaba cuando se fue llegando Bety al gimnasio.