Feb
1st

Dayana una chica muy fogoza

Archivado bajo Lesbianas, Relatos Porno | Publicado por admin

Desde muy niña me inicie en todo relacionado con el sexo y mi curiosidad me llevo a incursionar en el lesbianismo que, aun hoy practico, es mi estilo vida.

Todo comenzó con las amigas del barrio o del colé; los primeros contactos con las chicas fueron, cuando las mas zarpadas no toqueteaban las tetas, en ese tiempo no estaba ávida de conocimiento, pero sí re loca de calentura.

Aun no había tenido mi primera menstruación, cuando ya me dejaba tocar la conchita por Liliana, una chica que vivía a la vuelta de mi casa. Nuestros juegos se hicieron tan intensos y calientes que, una ves, llego a meterme un palo de escoba en mi concha.

Nos besábamos en la boca e introducíamos nuestras lenguas imitando los besos que se podían ver por las novelas. Con el tiempo Liliana me enseño todo lo que sabia sobre el sexo, del semen, del embarazo, etc…

Era bastante atrevida con los varones, lo que la llevo a coger con Luis, un chico que la volvía loca. Nuestros juegos solitarios nos llevaron a hablar de hombres, cosa que a mi no me agradaba mucho, pero a ella la calentaba y empezamos a jugar a ser marido y mujer, y yo seria el hombre.

Mi boca buscaba la suya y se perdía en su lengua; mis manos recorrían sus pechos y se deslizaban asta alcanzar el bello púbico, su concha y su vagina. Cuando hurgaba en su concha se ponía como loca y me besaba y abrazaba frenéticamente.

Durante mucho tiempo tuve sexo con Liliana sin que nadie se enterase.

Las chicas del barrio nos reuníamos a jugar frente a una tintorería que estaba a la vuelta de mi casa. Allí vivía un matrimonio japonés con su hija Kyoto.

Muchos años después, Liliana se mudo y si bien no fue muy lejos, dejamos de frecuentarnos.

Mas tarde, ensaye mis conocimientos manuales en la conchita de Kyoto; ella se dejaba hacer, sonriendo complacida. Se divertía, esperando que yo le añadiera mas fuego a su pasión sexual. Lo nuestro duro bastante aunque no llegamos muy lejos con la aventura lésbica.

Mimi me contó como y donde cogía con su novio y me mostró una casa abandonada que estaba casi frente a la mía. Me calentaba lo que me contaba mi amiga y casi siempre terminaba masturbándome delante de ella, no me calentaba su novio, sino la idea de verla recibiendo tanto placer como el que me contaba. Mi concha se empapaba de jugos, me hacia cosquillas alrededor. Mimi me contaba como su novio la cogía y como acababan juntos, las poses que adoptaban, etc. Mimi me describió como era la verga de novio y detalles íntimos de la relación, lo que me animo a confiar en ella y muchas veces, cuando se encontraban, yo me reunía con ellos para mirar, como una boluda, cómo se besaban y como Luis le tocaba los pechos, el culo, la concha y todo lo encontraba a su alcance.

Cuando los veía me invadía una tremenda calentura, y terminaba tocándome enfrente de ellos, me encantaba la cara de Mimi, y Luis que trataba de tocarme, pero yo no lo permitía. Lo que más quería era que Mimi me tocara.

Un día tuve oportunidad de presenciar como Mimi se bajaba los pantalones y Luis, desde atrás, se la cogía el un cuarto de la casa abandonada. Naturalmente, también supe como era su leche y también tanteé la cola de mí amiga. –Ay, qué linda y rica que es!- dijo Mimi.

Lleve mis dedos empapados de leche hasta mi nariz y, y sin darme cuenta, la punta de mi lengua los lamió para probar su sabor. –te gusta, guacha?- dijo Luis.

Acto seguido me puse de rodillas y comencé a lamer el ano de Mimi, del cual salía toda la leche de Luis. Mimi gemía y gemía, mientras le metía mi lengua en su anito me tocaba mi conchita que se encontraba completamente húmeda. Luis acerca su chota al ano de Mimi, de modo que pudiera chapársela también, no sabia bien como hacerlo y Mimi me decía que era una tonta que ella me enseñaría como lo hacía ella. Mimi comenzó un vaivén de chupeteo y la pija de Luis iba y venía dentro de su boca. Mimi me acerco la pija de Luis y comencé a imitar los movimiento que ella hacia. Luis termino acabando en nuestras caras y nosotras lamíamos lo que caía en la cara de la otra. Eso lo tenia que compartir con Liliana.

Según la costumbre, Luis acompaño a su novia a su casa y yo regrese sola. Un rato después llamé a Mimi por teléfono y la bombardeé a preguntas sobre lo ocurrido. Tenia curiosidad por saber por que cogía con su novio por la cola en ves de hacerlo de frente, que según yo entendía, era el modo natural de coger. –no, boluda. Me garcha por el culo para no dejarme embarazada- mientras hablaba le preguntaba mas y más cosas sobre su novio, mientras con mi mano libre comencé a masturbarme furiosa y locamente hasta llegar a un terrible orgasmo. Recuerdo bien que estuve despierta toda la noche, así que me levante temprano para correr a lo de Liliana y contarle lo sucedido.

Con ella comenzamos a hablar de cómo cogen por el culo, de que hay hombres a los que les gusta que les den por el orto, y una cantidad de boludeces que no tenían respuesta para un par de pendejas que aun no eran lesbianas declaradas, ni sabían el placer que puede sentir alguien por el culo.

Desde muy pequeña, yo siempre practique una especie de juego que consistía en “reconocernos” con otras chicas. Le metía el dedo índice en el orto, hurgaba un poco y luego p0recionaba sin llegar a la penetración. Me parecía lo más natural, pero lo raro era que no llevaba el dedo a la conchita, solo al orto. Placer que experimentó Liliana desde que comenzó a tener sexo conmigo, o sea que, su locura era la concha, mi concha y, sin saberlo yo elegí su orto. Cuando estábamos juntas cogiendo, ella me decía: -poneme el dedo en el culo y movelo. Yo obedecí sus caprichos, dejaba de hurguetear su concha para alojarme en su culito Rosado. Nuestra curiosidad nos llevo a meternos desde zanahorias, bananas, pepinos, y cuantas hortalizas pudiéramos tener a la mano.

Tanto la concha de Liliana como la mía ya sabían de introducirnos mangos de cepillos o simplemente un palo de escoba. Jamás lográbamos introducir nada en nuestros culos, pues lo sentíamos como una violación, hasta que un día Liliana dijo: -hagámoslo así-

Me acomodo en la cama y comenzó a hurgar en mi concha desde atrás, para luego meterme un pepino pelado asta el final. Lo metía y sacaba y lo volvía a meter, cogiendome como si fuera una verdadera verga.

Mis piernas apretaban el falso pené reteniéndolo y gozándolo, pero mi amiga era un ángel del placer que se divertía con migo y con su descubrimiento sexual. Con una de sus manos libres lograba el ese jueguito anal que conocíamos se convirtiera en una profunda y prolongada culiada. Pese a mis chillidos, mezcla de dolor y placer, la fantacia se apodero de mí, y el pepino cumplió un rol excepcional en mi conchita. –que nunca se acabe- le imploraba. – ya esta toda- anuncio Liliana, girando sus dedos en mi orto buscando profundidad. Cuando me dijo que me había metido todo el dedo dentro, lleve mi mano hacia atrás para comprobar la verdad. Y no exageraba, sus dedos daban vu7eltas en circulo dentro de mi culito hundiéndose mas y más.

Le devolví el placer que me había proporcionado, siguiendo atentamente las indicaciones de ella, para el buen manejo del pepino. Me pidió que se lo metiera en el culo pero no fue posible, tal ves por falta de conocimiento. Liliana alcanzo un estado de somnolencia entrecerrando los ojos, suspirando de ves en cuando, levantando su culo cuando el pepino se hundía mas y más en su concha y mis dedos daban mejor placer a su anito. Como siempre después de bajar nuestra calentura terminábamos besándonos. Continuamos este juego mucho tiempo, cambiando las frutas en nuestra concha, tanto que acabamos probándolas en nuestros ortos. Pero yo nunca pude introducirme una banana.

Con el tiempo Liliana y yo empezamos a ampliar nuestros conocimientos y a saber que era un orgasmo y a experimentar chupando nuestras conchas, así aprendimos a hacer el 69.

La practica de la zanahoria o el pepino se convirtió en moneda corriente. Liliana me rogó que la cogiera por el culo con el pepino. No conseguí mas que introducirle un poco mas allá de la punta y se retorcía de dolor. El ojete de Liliana se frunció alrededor del pepino, su ano estaba muy colorado pero no dejaba de pedirme que siguiera con el pepino por que tenia que entrar y aunque lo trate varias beses no lo logre.

Liliana se acostó boca abajo, con las pierna bien separadas y el culo a la vista, a la espera de los acontecimientos. Me dijo que tome un pote de crema, y untara el grueso pepino. Después hice otro tanto en la vagina y el orto de Liliana, introduciendo bastante mis dedos en el culo. Le entere el pepino en la concha, hasta perderlo en su vagina todas las veces que me indicaba. Con la mano izquierda hurgaba su culito, provocándole espasmos de gozo; ella sola relajaba el anito permitiéndome meter mas y más mis dedos metía dos y los sacaba en forma de v para poder agrandar el orificio, cuando considere que ya estaba bastante dilatado, le saque el pepino de la concha y se lo metí en el culo de un solo empujón. Dio un pequeño respingo y apretó el culo. Yo pude ver como su ano se tragaba todo el pepino. Comencé a sacarlo y meterlo con una gran facilidad, hasta que Liliana termino con un ruidoso orgasmo. Luego me toco el turno a mí, Liliana fue un poco ruda y termino por lastimarme el ano, sangre un poco pero, de igual forma disfrute mucho.

Luego de eso quede re loquita, quería enseñárselo a mi hermanita que en ese entonces tendría unos 4 años y cuando la bañaba le tocaba su vaginita y le metía los dedos en el anito.

Seguí con Liliana, casi toda mi vida, pero debido a un problema en mi familia, me descubrieron con ella en la cama a los 19 años, me fui de casa a vivir con mis abuelos. Después de eso no la pude volver a ver. Lugo conocí a la que se convertiría en mi pareja y quien me ayudaría a llevar a acaba la fantasía de enseñarle a mi hermanita todo lo que sabia.

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